miércoles, 20 de agosto de 2014

Vivir es volver a recordar

Hace unos días estuve en la celebración del XXV aniversario de mi graduación de preparatoria (Queridas Fans: es la verdad. No hay porque esconderlo: ya pasé los cuarenta, jajajaja). Una justa reseña del evento sería bastante breve: abrazos, saludos, sonrisas, recuerdos, buenos deseos. No hay más. Fue una catarsis de las buenas, inmejorable.

Pero más que una reseña, quiero hablar de la fuerza de los lazos que pudieron crearse en apenas dos años: Veníamos todos de distinto origen, buscando un camino y compañía para andarlo. Cuando terminamos, el camino aún no era claro, pero ya no estábamos solos: juntos habíamos vivido éxitos y fracasos, encuentros y desencuentros, amistades y enemistades, amores y decepciones. Más de una vez compartimos secretos, que acabaron siendo públicos; lágrimas, que al paso del tiempo supimos que fueron desperdiciadas; canciones, que hoy todavía cantamos a nuestros hijos; risas, que se prolongan hasta hoy con las mismas anécdotas de siempre. Juntos nos adentramos en los secretos del álgebra, festejamos campeonatos, memorizamos declinaciones del latín, estuvimos de campamento, dibujamos columnas dóricas, jónicas y corintias, disfrazamos un auto para un rally, sufrimos algunos exámenes y negociamos permisos con nuestros papás. Como dicen los clásicos: compartimos el pan y la sal (dignamente representadas en esos días por una cerveza y unas gorditas de Morales).

El refrán dice “recordar es volver a vivir”. A mí me pasó al revés: al convivir, aunque fuera unas pocas horas con mis amigos y compañeros, volví a recordar. Recordé de donde vengo y todo el camino que he recorrido para llegar hasta hoy.

En un abrir y cerrar de ojos (porque dos años son sólo realmente eso) tuvimos la oportunidad de regalarnos unos a otros sueños, ambiciones y esperanzas. Caminamos juntos llevándonos un poco de cada quien y dejando otro poco de nosotros en los demás. Luego cada quien tomó su ruta, pero siempre conscientes que habíamos compartido una escala en común. En mi camino voy acompañado por una persona increíble que me ha regalado tres hijos, y cuando levanto la vista para ver a mis compañeros en caminos paralelos, alcanzo a ver personas estupendas, en las que puedo confiar y a las que les deseo un feliz andar. Salud.


La nota musical:

Como anillo al dedo con la nota de hoy. Sin más preámbulos les dejo esta canción:

Nos gustaría brindarles el corazón,
vivir la vida de emoción en emoción,
sólo nos resta su atención agradecer,
y prometerles que los vamos a querer


Somos amigos, de ustedes amigos,
amigos de verdad,
por siempre amigos, de ustedes amigos
no vamos a cambiar.

“Somos Amigos”, Timbiriche, Álbum: Timbiriche, 1982

 
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Publicado el 20/08/2014 en
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miércoles, 13 de agosto de 2014

Cumpleaños en Lunes

El hijo mayor de mis compadres acaba de cumplir 14 años. Siendo vacaciones de verano, la fiesta con sus amigos fue pospuesta hasta el regreso a clases. Sin embargo, para que evento tan importante no pasara desapercibido, mis compadres prepararon una “pequeña” reunión. Deben entender que siendo ellos familia de seis, los otros compadres cuatro, y nosotros cinco, la más pequeña reunión tiene quince comensales. En fin, la cena fue de primer nivel (pizzas y una vino de contrabando para los adultos… gracias compadre), y la selección de invitados era VIP arriba (amigos-vecinos, nosotros y la respectiva prole de cada uno). Digamos, para evitarme un regaño de mi comadre, que todo estuvo de nivel para ser lunes de vacaciones escolares (Compadre: defiéndeme por favor).

Estoy seguro que en un principio, este no era el festejo que el adolescente de 14 años esperaba, pero también estoy convencido que acabó llevándose un regalo inesperado. Les platico:

Dado que éramos mayoría de adultos en la mesa, en cierto momento de la cena, la plática se desvió hacia situaciones ajenas al festejado y el evento. Entonces, en un esfuerzo por poner en el centro de la conversación al festejado, les propuse que cada uno contara el primer recuerdo que tuvieran del cumpleañero, o bien alguno significativo o al menos alguno divertido que tuvieran del susodicho. ¡Vaya sorpresa! ¡Qué les cuento! Después de un arranque algo lento e incierto, la reunión dio un giro inesperado. Con decirles que mi compadre tuvo que abrir otra botella (que para lunes ya cuenta). En menos de lo que nos dimos cuenta, el chamaco se llenó de anécdotas y la mesa de carcajadas. De todas ellas, les quiero compartir la que contó la mamá, es decir mi comadre: Cuando el muchacho en cuestión era niño, y la magia todavía dominaba su imaginación, era un fan empedernido de Buzz Lightyear, el personaje de Toy Story (si no sabes de qué hablo, haz una pausa, renta de inmediato Toy Story 1, 2 y 3 y continuas con la lectura. Por favor no olvides darle mi nombre a la señorita de la caja en el videoclub). Pues resulta que este niño estaba convencido que Buzz estaba escondido debajo de alguno de los conos anaranjados del centro comercial. Cada que estaban por ahí, se empeñaba en revisar uno por uno, ya sea levantándolo o asomándose por el orificio superior. La mamá, arquitecta de profesión, decidió construirle y construirse un recuerdo: con premeditación, alevosía y ventaja escondió estratégicamente el Buzz del niño debajo de un cono la siguiente vez que fueron al centro comercial. ¿Qué les puedo decir? La magia brilló en el corazón del niño y de la mamá, y diez años después, sigue brillando. La velada continuo, y los recuerdos también. La pasamos muy bien, y el festejado mejor (espero).

Vamos de paso y solo una vez. Entre toda la prisa de la vida, de vez en cuando es importante hacer un alto y recordar con los demás. Recuerdo no compartido, es recuerdo que va al olvido. Salud.



De verso en verso: Recuerdos. 
Un recuerdo hace sentido
siempre y cuando es compartido
Va presente en tu pasado
y también se va conmigo.

Un recuerdo solitario
tiende a desaparecer
Pero cuando se comparte
bien parece florecer.

La nota musical:
La canción de hoy se dedica a aquella delgada y escurridiza que todos deseamos. Su brevedad nos llena de alegría, aunque sea por efímeros instantes. Luego se va, y otra vez nos quedamos añorándola hasta su regreso. No la culpen. Ella es inocente. Lo que sucede es que nuestra necesidad desmedida supera infinitamente lo que su delgadez nos puede dar. Hoy dedicamos este espacio a la QUINCENA.

Casi siempre estoy pensando en ti,
me despierto sin saber por qué,
y la luna no me dice nada,
pero siempre estoy pensando en ti.

Y la música me está doliendo
me pregunta ¿dónde estás?
Y me acuerdo de nuestras miradas
en la noche que te conocí.

Cuando tengo verdaderas ganas de pensar
Me sorprendo porque casi siempre estoy pensando en ti.

“Casi siempre estoy pensando en ti”, Jorge Muñiz, Álbum: Te cantaré, 1986


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Publicado el 13/08/2014 en
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Consejos para pre-universitarios y neo-universitarios

En pocos días miles de jóvenes iniciarán su vida universitaria. Para ellos va este texto, desde la perspectiva que dan 20 años de vida post-universitaria.

Hoy día el mundo laboral es radicalmente diferente al que vivieron nuestros padres, inclusive es diferente al que mi generación vivió cuando salimos al mercado laboral. Las universidades se han visto obligadas a establecer estrategias creativas para ofrecer a sus alumnos la posibilidad de graduarse estando actualizados en el campo de su conocimiento, porque este cambio se da, además, de manera vertiginosa.

Estudiar una carrera universitaria no es sólo es recibir un entrenamiento formal en una rama específica del conocimiento. Es, además, el eslabón que en muchos casos cierra la formación de la persona antes de salir al mundo. No es un asunto trivial. Por eso, aquí te comparto algunos consejos de esos que enseña la vida en carne propia o que, si estamos atentos, se pueden aprender en pellejo ajeno:

Primero. Oídos y ojos bien abiertos. Hay estar atentos a las puertas que la vida nos abre. Como dice la canción: “los caminos de la vida no son como yo pensaba, no son como yo creía”. Es bueno tener un plan de vida, suficientemente sólido para perseguirlo, y suficientemente flexible “por si las flais” (pochismo antiquísimo que se traduce: “por si acaso”) Un anécdota basta como ejemplo: cuando inicié mi carrera me imaginaba muchas cosas de mi futuro trabajo. Hoy día, ninguna de ellas se cumplió, y no puedo imaginarme haciendo algo distinto a lo que hago.

Segundo. Para escoger la carrera hay que ver más allá del campus, las materias y el ambiente universitario. La carrera dura 5 o 6 años, la vida laboral es de ahí hasta el retiro. Hacer un sacrificio durante la carrera (vivir fuera, elegir una facultad con mayor exigencia, estudiar un par de materias que no son de tu agrado, etc.) vale la pena para asegurar la posibilidad de un futuro laboral exitoso (del cual ahondaremos en el último punto).

Tercero. Participa en actividades deportivas, artísticas o culturales. Ahí conseguirás habilidades muy valiosas para tu futuro: trabajo en equipo, liderazgo, sentido de urgencia, tolerancia a la presión, auto-exigencia, disciplina, etc. Muchas ofertas de trabajo piden estas características en los candidatos, y no siempre es fácil desarrollarlas en las aulas.

Cuarto. Estudia un segundo idioma. ¿Ya lo tienes? Estudia un tercero. Hoy más que nunca, oportunidades dentro y fuera del país se abren para quienes pueden ser puente para comunicarse con otras culturas.

Quinto. Lee, lee, lee, lee, lee. La lectura ampliará tu vocabulario, corregirá tu redacción y tu forma de hablar, te dará temas de conversación más allá del futbol y las telenovelas, estimulará tu imaginación y tu creatividad.

Sexto. Siempre tener actitud positiva, siempre estar “echado pa’adelante”. En más de una ocasión y en más de una empresa he visto como un candidato con buena actitud ha sido seleccionado sobre otros más aptos desde un punto de vista técnico. ¿Por qué? La respuesta es simple: es más fácil desarrollar las habilidades técnicas en una persona con buena actitud, que desarrollar la buena actitud en una persona con capacidades técnicas.

Séptimo. El éxito se mide de forma personalísima. Cada uno tiene la medida de sus retos, la meta de su satisfacción. No te compares más que contigo mismo: Basta con avanzar, basta con no conformarse, con no dejar de crecer. La fórmula es sencilla: a mi me lo enseñaron en la primera etapa de los Scouts: “El lobato se vence a sí mismo”.

Te deseo buen camino y felicidad. Elige sabiamente. Salud.



La nota musical:
Un clásico de los 90s, con ecos de la guerra fría, retrata ese momento de aspiraciones, anhelos, indecisiones y dudas. Eres grande Mateos.


…soy el sueño de mamá y papá
no, no les puedo fallar.
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando seas grande?
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando seas grande?
Estrella de Rock'n Roll,
presidente de la nación,
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando alguien apriete el botón?

“Cuando seas grande”, Miguel Mateos, Álbum: Cóctel, 1993


De verso en verso: El camino. 

De frente queda el camino:
No le temas, es tu amigo.
Ya sabes bien donde inicia,
más no donde acabará.

Hoy llevas en tu equipaje
tu sonrisa y voluntad.
Llevando bastante de ambas
nada más te ha de faltar.

De frente queda el camino
No dudes, camina ya.
Que de eso trata la vida:
de elegir tu propio andar.



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Publicado el 06/08/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 30 de julio de 2014

De apodos y sobrenombres

Hace unos días escuché en un programa de radio la entrevista que hacían a una psicóloga de “renombre”. La dama satanizaba categóricamente y sin excepciones los apodos y sobrenombres en los niños y adolescentes, argumentando que generaban problemas para la madurez, la seguridad y la construcción de la identidad del individuo (palabras más, palabras menos). Deben saber ustedes que toda la vida he vivido con un apodo... está bien, exageré: tengo 35 años viviendo con un apodo. Según la señorita psicóloga hoy día debo ser un cuarentón inmaduro, con problemas de identidad y de seguridad para enfrentarme a la vida. Sus comentarios me dejaron un poco preocupado, pero pronto vinieron a mi mente Edu y Sugus, personas cercanísimas a mí, y el alma me volvió al cuerpo: No estaba solo. Luego recordé a algunos amigos y compañeros de mi época universitaria, y me sentí más tranquilo: Yeyo, Flash, Brody, Chino, Cebollón, Patiño, Nariz, Patrón, Chepina, Pebi, Churro. Finalmente, cuando pensé en mis amigos y conocidos de la preparatoria y anteriores, pude respirar normalmente: Tío, Fefus, Chore, Huesos, More, Cuco, Pingüino, Bongo. Ya cuando me senté a escribir, también me acordé de los amigos de mis hermanos: Buchi, Espasmo, Conejo, Oso, Chiquistriquis, Chile, y un largo etcétera. O bien somos varias generaciones de inmaduros e inseguros o, como muchas ocasiones, el mundo no se puede describir en blanco y negro.

Estoy seguro que ninguno de los nombrados arriba se siente ofendido por el apodo que tiene. Al contrario, es probable que haya olvidado mencionar alguno y eso me generará algún reclamo. Más aún, no faltará el que me diga: “Entiendo que menciones primero a tu compadre, pero que me pongas después de Chucho no se vale.” Muchos de estos apodos fueron parte de un “bautizo” social, de un ritual de iniciación para pertenecer a un grupo: aquel que llegaba de otro estado y hablaba con acento muy marcado, el otro que alguna característica física lo distinguía de los demás, ese que fue protagonista en un evento particular, muchas veces sin intención. En su momento, estos apodos nos dieron la posibilidad de ser únicos, nos generaron una identidad irrepetible: En mi vida me he cruzado con varios Memos Martínez, pero nuestro apodo (Me refiero al Chino y a un servidor) nos diferenció del resto. Al paso del tiempo, estos apodos funcionan como referencia espacio-temporal: “¿Recuerdas a fulano de tal? ¡Acuérdate! Le decíamos “El Molcas”, iba en el salón 45.”

A lo largo de mi vida he sido nombrado de muchas maneras. Hoy día, mis queridas tías todavía me dicen “Memito”, un selecto grupo de amigos de mi infancia me conocieron como “Willis”, cuando viví en Celaya fui “Memo” al igual que hoy en mi trabajo. Varios amigos de mi actual ciudad me dicen “Guille” y a mi hijo, también Guillermo, le dicen “Guillo”. Ninguno de estos diminutivos, apodos o sobrenombres me generaron inseguridad ni inmadurez (Bueno, eso digo yo. Habrá que ver que dice mi amada compañera de vida y dueña de mis quincenas… jajajaja).

Por supuesto que en el trabajo no me llaman por mi apodo: eso sería absolutamente incorrecto. Igualmente, quiero aclarar que estoy completamente en contra de la discriminación y del ahora tan nombrado “bullying”. Si nos encontramos ante cualquiera de ambas, tenemos que alzar la voz: no hay lugar a dudas. Sin embargo, crecer en un grupo social y ser investido con un “nombre de guerra”, como antaño sucedía con los caballeros de la mesa redonda, es un honor. Puede ser un poco ridículo o chistoso, pero es un honor al fin.

La vida tiene tonalidades, nunca viene en blanco y negro. Así como un sobrenombre puede ser ofensivo, les puedo afirmar que hay apodos que trascienden y forman parte de nuestra identidad. Por cierto, nunca les dije cual es mi apodo, así es que ya tenemos tema para otro día. Salud.


La nota musical:


Una de mis canciones favoritas de los 90s lleva por título precisamente el apodo de una mujer. Nunca fue necesario que el compositor nos dijera su nombre para que pudiéramos imaginar a la susodicha de pies a cabeza.


En la vida conocí mujer igual a “La Flaca”
coral negro de La Habana, tremendísima mulata.
Cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de salsa
y en la cara dos soles que sin palabras hablan.
Que sin palabras hablan.


Por un beso de “La Flaca” daría lo que fuera
por un beso de ella aunque sólo uno fuera.
Por un beso de “La Flaca” daría lo que fuera
por un beso de ella aunque sólo uno fuera.
Aunque sólo uno fuera.

“La Flaca”, Jarabe de Palo, Álbum: La Flaca, 1996


De verso en verso: Indocumentado 

"Hay 11 millones de personas viviendo en las sombras”. Joe Biden, Vicepresidente de EEUU.

No es tu casa,
no es tu tierra,
no es tu gente.

Tienes techo,
tienes cama,
pan a diario.

No critico
que decides
ir pa’allá.

Si tu tierra
no te ofrece
nada más.


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Publicado el 30/07/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 23 de julio de 2014

Hablemos de como hablamos (III)

Hablemos de como hablamos (III).

A raíz del par de notas anteriores que buscan promover el hablar mejor, uno de mis tres asiduos lectores me pidió que diera mi opinión sobre la frase “más sin embargo”. Por supuesto que cuando tienes tres lectores y uno de ellos es tu mamá, debes procurar darle gusto de inmediato a cualquiera de los otros dos que te pida algo.

Como ya dijimos, no se trata de convertirnos en eruditos de la Real Academia de la Lengua, pero si de hacer conciencia de pequeños errores o malos hábitos y buscar mejorar nuestra manera de hablar. Primero que nada es importante aclarar que “sin embargo” son dos palabras, por lo tanto nunca se debe escribir como una sola palabra. Regresando al lenguaje hablado, en términos técnicos, “sin embargo” es una “locución adverbial de sentido adversativo”, mientras que “más” es una “conjunción adversativa equivalente a pero” (ahora mis lectores abren mucho sus ojos, ponen cara de asombro y dicen “¡Ooooooooohhhhh!). Observen que ambos son “adversativos”. En términos mundanos, cuando decimos “más sin embargo” en realidad estamos redundando. Tomando como ejemplo esta frase: “Iba a ir al cine, sin embargo se me hizo tarde”, vemos que podemos sustituir “sin embargo” por “más” manteniendo el sentido de la frase, por lo que si ponemos ambas en realidad repetimos, redundamos. Así pues, “más sin embargo” es una frase (locución) a evitar en nuestra vida diaria. Y si esta frase es redundante, aún más lo es cuando decimos: “más pero sin embargo” (por favor quiten la cara de espanto los que la han usado. Los que pusieron cara de incredulidad, créanme: la he escuchado con más frecuencia de lo que se imaginan).

Una deformación adicional bastante común es decir “sin en cambio” en lugar de “sin embargo”. Cierto es que la métrica es similar, suenan parecido, y dicha velozmente hasta puede pasar desapercibida. Sin embargo, esa expresión NO existe, y no hay manera de hallarle sentido. Aun cuando “más sin embargo” pudiera disculparse con la redundancia, o justificarse aludiendo buscar enfatizar, “sin en cambio” no tiene significado, ni disculpa, ni justificación alguna. Hay que borrarla de nuestro lenguaje. Con todo lo anterior, sobra decir que “más pero sin en cambio” es una herramienta de tortura para los lingüistas.

Espero haber dejado satisfecha la petición de mi lector, y de todo corazón le deseo pronta mejoría. Ustedes no saben, pero solamente me lee porque está convaleciendo. En cuanto pueda manejar seguro me quedo otra vez con dos lectores. Salud.


La nota musical:

Mecano alcanzó la fama por su música, su narrativa y la inigualable voz de Ana Torroja. Como buen admirador sigo añorando algún concierto de rencuentro, y no me importaría si siguen cantando “erguiendo” en lugar de “irguiendo”, gerundio del verbo “erguir”. ¿Más caras de incredulidad? Compruébenlo ustedes mismos:

Y el que prefiera que se vuelva al Senegal
correr desnudos por la selva
con la mujer y el chaval
ir natural
"erguiendo" cuello y testuz
como hermana avestruz.

“El Blues del Esclavo”, Mecano, Álbum: Descanso Dominical, 1988



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Publicado el 04/06/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 16 de julio de 2014

Hablemos de como hablamos (II)

Hablemos de como hablamos (II).
La semana pasada comentamos que debemos poner atención en cómo usamos el lenguaje cotidianamente, así como la importancia de corregir malos hábitos o pequeños vicios que arrastramos al hablar. Como ejemplo usamos la palabra “gente”, ya que siendo un plural por sí misma, no debemos “pluralizarla”: decir “gentes” no es correcto. También mencionamos esa costumbre tan arraigada de agregarle una “s” a la segunda persona del pretérito en algunos verbos: hicisteS, corristeS, comisteS, dejasteS. Tengamos cuidado, en verdad se oye muy mal. Otra frase que escuchamos frecuentemente es “ambos dos”. Tal vez la persona está tratando de enfatizar que solamente son dos, pero en realidad está construyendo un pleonasmo, ya que “ambos” únicamente puede referirse a dos. Para enfatizar también, es común escuchar personas que dicen: “Así está más mejor”. Quiero suponer que realmente están muy contentos con lo que hicieron, compraron o recibieron.

Pero entre todas estas frases, más allá del error o mala costumbre, hay una que es mi favorita por el contenido de relatividad que esconde. Estoy seguro que si Einstein hubiera tenido como idioma materno el español, su famosa teoría habría sido publicada muchos años antes. La frase en cuestión es: "ahorita mismo", y de entrada, hay que compararla y entender las diferencias con el “ahora”, con el “ahorita” y para los valientes, con la moda de mis retoños adolescentes: “Ya voy”. Esta frase debemos tratarla con extrema precaución: excesivo o mal uso de la misma puede provocar una fisura en el continuo espacio-tiempo, impidiendo la ubicación exacta del momento presente. Si Einstein la hubiera escuchado con tanta frecuencia como se usa en México, seguramente se hubiera preguntado, entre otras cosas: ¿Cuándo es el momento presente: ahora, ahorita o ahorita mismo? ¿Por qué el “ahorita” tarda tanto en llegar? ¿Qué dura menos, el “ahora” o el “ahorita mismo”? ¿Por qué mi trámite no ha empezado si la señorita me dijo: “Ahorita mismo lo atiendo”? ¿Por qué si hace dos horas me dijo “ya voy” siguen los calcetines en el piso? ¿Existe una relación cósmica o sobrenatural entre el “ahorita mismo” y el “ya merito”? ¿Será que los mexicanos tienen poderes para controlar el espacio-tiempo y por eso pueden estirar el presente?

Turu ru ru Turu ru ru Turu ru ru
(Para cerrar la nota imaginen el tema de “Dimensión Desconocida”)

La nota musical:
Hacer una analogía o darse una ligera libertad poética para cuadrar el verso o la métrica lo entiendo. Conjugar mal la verdad no me hace gracia. Sin embargo, con todo y eso, esta canción llegó a los primeros lugares del Billboard, con un “sería” donde toca un “fuera”:

Si la luna sería tu premio
yo juraría hacer cualquier cosa
por ser su dueño
por ser tu dueño.

“Cuando me Enamoro”, Enrique Iglesias y Juan Luis Guerra, Álbum: Euphoria, 2010

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Publicado el 04/06/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 9 de julio de 2014

Hablemos de como hablamos (I)

Hablemos de como hablamos (I).

Hace algún tiempo me encontraba en una junta de trabajo muy tensa. En ella discutíamos escenarios probables ante una situación de crisis. “Vale la pena romper el hielo”, me dije a mi mismo, y me tomé un par de minutos para pensar como hacerlo. Entonces dije: “En caso de que esta estrategia no funcione, deberíamos tener una alternativa, *no vaiga siendo*”… y rematé con una ligera sonrisa, esperando extrañeza, sorpresa, risas o al menos un reproche de mi entonces jefe. Me quedé sorprendido cuando la única respuesta que recibí fue: “Tienes razón. Hay que pensar en un Plan B”. Y mientras yo me tragaba mi asombro, la junta continuó. Impactado, repetí el experimento algunas veces más: en una cena con otro grupo de personas de la oficina, en una actividad con papás de la escuela de mis hijos, etc. hasta que mi conciencia (léase mi media naranja, mi compañera de vida o la dueña de mis quincenas) me pidió que dejara de hacerlo, advirtiéndome sabiamente que tal vez si se daban cuenta y por pena no me corregían. Obedecí, como siempre (ja), pero aún tengo la duda si en verdad notaron el error.

Por favor no me tomen a mal. No se trata de que todos hablemos como si fuésemos miembros de la Real Academia Española (de la Lengua). No. Todos nos equivocamos, pero hay de errores a errores. Se trata simplemente de cuidar como usamos el lenguaje y corregir malos hábitos o pequeños vicios que arrastramos al hablar. Un sencillo ejemplo: la palabra “gente”. Esta palabra es un plural, esa es su naturaleza, por lo que es incorrecto decir: “Había muchaS genteS”, basta decir: “Había mucha gente”.

Estoy seguro que si ponen atención, se darán cuenta de más de una de estas frases que escuchamos todos los días y en realidad no están bien *decidas* (ups). La próxima semana les compartiré algunas de ellas. Mientras tanto, Salud.


De verso en verso: Me dejastes

Haiga sido lo que haiga sido
para mi no estás en el olvido.
Todos los días sueño contigo
más sin en cambio
ya nada queres conmigo.


La nota musical:

A propósito de agregar una “s” al final de ciertos verbos (hicistes, dijistes, comistes, etc.), es de llamar la atención como Mecano dejó pasar esto en una de sus canciones más famosas, inclusive hasta en la versión de 1998. La otra versión que tengo a la mano es la grabada por Fey, quien si corrige este “pequeño” detalle.

Nos vimos tres o cuatro veces
por toda la ciudad.
Una noche en el Bar del Oro
me decidí a atacar.
Tú me dijiste diecinueve
no quise desconfiar,
pero es que ni mucho ni poco
no vi de dónde agarrar.
Y nos metimos en el coche
mi amigo, tu amiga, tú y yo.
Te dije: “Nena dame un beso”,
y tú contestaste(S) que no.

“La Fuerza del Destino”, Mecano, Álbum: Descanso Dominical, 1988
“La Fuerza del Destino”, Mecano, Álbum: Ana José Nacho, 1998
“La Fuerza del Destino”, Fey, Álbum: La Fuerza del Destino, 2004


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Publicado el 04/06/2014 en www.antenasanluis.mx

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