miércoles, 24 de septiembre de 2014

Sobre la imperfección de las instituciones


(Extracto de una conversación cibernética con una persona letrada, a diferencia del autor, que es medianamente desordenado y profundamente disertador; y originada en medio de un cisma de una institución en común).

Dear Lady Y (léase por favor con acento tipo Downton Abbey):

Todas las instituciones son imperfectas. Si, todas. El gobierno, la Iglesia, la escuela, el ejército, etc. etc. etc. Inclusive la familia. Todas. Esa imperfección es parte de su ser, es natural e inherente a ellas. Por ello tienen momentos, situaciones o casos de incoherencia e incongruencia. Estos son generados en ocasiones por las personas, a veces por los procesos, otras veces por ambos y las más es un misterio su origen. Son imperfectas porque son humanas. Y por ello mismo, la parte positiva es que las instituciones no son inmutables: pueden cambiar.

La historia nos enseña dos caminos para lograr este cambio: el primero es radical y consiste en lo que los teóricos (y los prácticos) llaman "romper las estructuras" (coloquialmente "partirle la madre al sistema"). Este método es rápido, eficiente en cuanto al cambio, pero con riesgo en el resultado: usualmente da lugar a una nueva estructura que, pronto se convierte en una nueva institución y casi siempre reproduce y amplifica los problemas de la original, dando varios pasos atrás a lo logrado con la estructura anterior (una sola palabra como ejemplo: Venezuela).

El segundo es un cambio lento, continuo y gradual, una evolución. Cierto es que puede desesperar su lentitud (no olvidar que de los dinosaurios al ser humano pasaron varios millones de años), pero es adaptativo y va conservando lo positivo y desechando lo negativo.

Puesto lo anterior, creo firmemente que muchas instituciones deben cambiar: Las más de ellas requieren una reconstrucción desde los cimientos. Creo también que la mejor manera de cambiarlas es desde adentro, como un virus que llega, invade en silencio y crece. Esta manera nos requiere participando, opinando, discordando, acordando, convenciendo, siendo ejemplo en nuestro (mi) metro cuadrado. Este método aplica para todos los casos, inclusive si quieres cambiar a México: o hacemos una revolución y tiramos al abismo 204 años de vida independiente, o nos ponemos a participar asumiendo nuestra responsabilidad como ciudadanos que somos.

La imperfección de algunas instituciones nos duelen más que las de otras: escuela familia, iglesia. Y esto es porque tocan nuestro ser en lo más profundo. Sin embargo, es importante recordar, en todos los casos, que las instituciones son las personas que las forman... Pero TODAS las personas. No podemos juzgar a todo el gobierno por un diputado corrupto, ni a una familia por su "oveja negra", ni al ejército por un zeta desertor.

Soy optimista y rebelde. Siempre lo he sido. Quiero cambiar al mundo, pero sin romper las estructuras. Hay mucha sangre, sudor y lágrimas invertidos en ellas.

Hasta ahí el día de hoy. Buenas noches. Salud.

Yours sincerely. Lord F (leer esta última frase con acento Downton Abbey).


La nota musical:
Antes de cerrar el mes patrio, quiero presentarles esta canción que arranca lágrimas y suspiros a muchos mexicanos que viven en el extranjero. Los más jóvenes deben grabarse en la memoria que NO ES una canción de Luis Miguel (¡el cielo se apiade!). Esta pieza fue compuesta por José Alfonso Ontiveros Carrillo, mejor conocido como Guadalupe Trigo, y grandes intérpretes la han hecho suya en las últimas décadas.

Baila al son;
del tequila y de su valentía
es jinete que arriesga la vida
en un lienzo de fiesta y color.

Es un sol con penache y sarape veteado,
que en las noches se viste de charro,
y se pone a cantarle al amor.

“Mi ciudad”, Guadalupe Trigo (1941-1982)



Twitter: @gmomtz
 
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Publicado el 24/09/2014 en
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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hablemos de como hablamos (IV)

Infinidad de personas (dos) inundaron mi correo (¡uy sí!) con valiosas sugerencias para la cuarta parte de esta serie que ha tenido tanto éxito (¡ahá!). El lenguaje informal, como su nombre lo dice, debe ser usado en situaciones informales. Debemos ser cuidadosos en mantenerlo alejado del trabajo y nuestra comunicación formal.

Una palabra de moda en las conversaciones de hoy día es “literal” y su adverbio “literalmente”. Lamentablemente, del uso se ha pasado al abuso, y del abuso al mal uso. Pongan un poco de atención, especialmente en conversaciones entre adolescentes, y encontrarán algunas frases que “literalmente” les arrancarán una sonrisa. Me explico mejor con un ejemplo: “Fulano alcanzó a oír que estábamos hablando de él y literal me morí de la pena”. A ver, a ver, a ver. Explícame porque no entiendo: si verdaderamente estás muerto, ¿cómo puedes estar contándome esa anécdota? ¿Acaso resucitaste o eres una manifestación de ultratumba? Otro ejemplo, oído un viernes por la tarde: “Ha sido una semana muy pesada. Literalmente, estoy hecho pedazos.” ¿Te vino a visitar Jack el Destripador? ¿O tuviste un encuentro desafortunado con “El Pozolero”? Tal vez eres una figura de Lego que vino a la vida y perdiste algunas piezas en el camino por el esfuerzo de la semana: Misterios de la vida y el universo.

Haciendo un poco de investigación, parte del problema puede provenir de traducciones que tenemos de texto, audio y video del idioma inglés. En el idioma de nuestros vecinos del norte la palabra “literally” si está permitida como un “intensificador” para mostrar énfasis en una oración (ver nota 1), mientras que en nuestra lengua este uso no está explícitamente permitido (ver nota 2). Así pues, tengamos cuidado como la utilizamos.

Otra palabra que me pidieron analizar se usa ampliamente en nuestro México: “ansina”. Ante tan atenta petición, me puse a investigar y, ¿adivinen qué? Resulta que si aparece en el diccionario (ver nota 3). Está marcada como palabra en desuso (seguro los editores no han visitado comunidades de nuestro país ni han ido al mercado últimamente), pero finalmente existe como sinónimo de “así”. La que no aparece, para que ni se emocionen ni peguen de brincos es “ansinamente”. Ansina pues, no hay que abusar.

Por último, y aunque está por terminar el verano, quiero recordarles que “calor” es un sustantivo masculino. “La calor” no debe ser utilizado, a menos que sea como apodo de alguna conocida de ustedes. Salud.

La nota musical:
Y así como digo que el lenguaje formal tiene su lugar y su momento, el lenguaje informal también tiene los suyos. Las palabras compuestas, el doble sentido, las palabras altisonantes, los intensificadores (reduro) y los albures también forman parte de ese nuestro México de la calle, el mercado, la cantina y las noches de dominó. Hoy les comparto una canción de esas muy “séntidas” que siempre se oyen mejor acompañadas de un buen tequila.

Ya vas carnal,
yo agarrado de la moto, ella abrazada con otro,
¿quién sabe donde andarán?
¿Tú crees carnal?
¡Cámaras cuando lo supe!, le tupí reduro al chupe
y no la puedo olvidar.
Ya vas carnal,
si mi vida no retoña, todos los de mi coloña
se van a burlar, me cai.
Ya vas carnal,
pero no vale la pena, te juego hasta mi melena hijo,
que esa chava volverá.

“Ya vas carnal”, Gerardo Reyes.



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Publicado el 17/09/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Más si osare un íntimo enemigo


Nuestro México es una nación joven: la próxima semana cumplirá apenas 204 años. Antes fue el Virreinato de la Nueva España y, previo a ello, el Imperio Azteca, con sus respectivos reinos anexos y pueblos subyugados.

Nuestra generación creció con actos cívicos llenos de discursos románticos y grandilocuentes (bonita palabra, ¿no creen) acerca de una patria perfecta y sempiterna (hoy si tenía el diccionario a la mano, jajaja). Sin embargo, si revisamos un poco la historia del hombre, nos daremos cuenta que los conceptos de nación, país y patria son relativos y temporales. Para muestra basta un botón, y como hoy amanecí generoso, les voy a compartir dos:
- El Imperio Romano tuvo presencia en la historia humana por más de 1000 años. La caída de Constantinopla, en 1453, puso fin a la patria por la que miles de personas transitaron. Seguramente muchos de ellos nacieron y murieron creyendo que sería una nación eterna.
- El Imperio Otomano prevaleció por más de 600 años, llegando a su fin con la Primera Guerra Mundial. Miles de personas que hoy día viven en países como Turquía, Túnez, Emiratos Árabes, Egipto, Líbano, Kuwait entre otros, son descendientes de ciudadanos de este imperio. Sus ancestros llamaban patria a este imperio, como ellos hoy denominan al país en el que habitan.

Hoy nuestro México sufre y llora, no por el extraño (extranjero) enemigo que ose profanar nuestro suelo, como menciona nuestro Himno Nacional. Nuestro México sufre por un enemigo interno, casi íntimo. Es un cáncer que habita entre nosotros y quiere arrebatarnos nuestra paz y seguridad. No cerremos los ojos, no pequemos de ingenuos: este cáncer es una amenaza real para nuestro país tal y como lo conocemos. Hoy más que nunca, nuestro país requiere ciudadanos honestos, responsables, rectos; mexicanos que en su hacer cotidiano respeten los lugares de estacionamiento, digan NO a las mordidas, manejen dando preferencia al peatón; ciudadanos que no saquen ventaja de su cargo público, que voten con inteligencia y sensatez y hagan valer su voto; mexicanos que quieran preservar y hacer durar esta nación para ellos, sus hijos y sus nietos. Me gusta esta patria. No quiero otra.

¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! Salud.


De verso en verso: Mi tierra.
Mi tierra que vibra
como una guitarra
que canta y que grita
con güiro y con arpa.

Mi tierra que sabe
a mole y a salsa
pozole y tortilla
frijoles y habas.

Mi tierra está llena
de espíritu y raza
de gente valiente
que sueña y alcanza.

Mi tierra es mi gente
mis padres, mi casa,
mi lengua, mi fe,
mis hijos, mi patria.


La nota musical:
Salvador Flores Rivera, mejor conocido como Chava Flores, compuso más de 200 temas. La mayoría de ellos retratan de forma magistral nuestra cultura, nuestra “mexicanidad”. Hoy estas canciones son documentos históricos del México que nos forjó. En una de sus más célebres composiciones, Chava Flores nos muestra como utilizar “Masiosare” como nombre propio, era ya motivo de risa hace casi 60 años.

Cuando yo tenía tus años ya había nacido Piedad,
Holocausto, Justiniano, Masiosare y Nicolás;
la menor de las Gutiérrez con cien vueltas se casó…
y esta Céfira no sale por más vueltas que le doy.

¡Vámonos al parque Céfira, para ver si encuentras cónyuge!
¡Vámonos al parque Céfira, yo te llevo y tú respóndeme!
Las muchachas por allá, los muchachos por acá
y sentados en las bancas los papás y las mamás.
Las muchachas por allá, los muchachos por acá,
y la banda de mi pueblo toca y toca a todo dar.

“Vámonos al Parque Céfira”, Chava Flores (1920-1987), grabada c. 1955



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Publicado el 10/09/2014 en
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miércoles, 20 de agosto de 2014

Vivir es volver a recordar

Hace unos días estuve en la celebración del XXV aniversario de mi graduación de preparatoria (Queridas Fans: es la verdad. No hay porque esconderlo: ya pasé los cuarenta, jajajaja). Una justa reseña del evento sería bastante breve: abrazos, saludos, sonrisas, recuerdos, buenos deseos. No hay más. Fue una catarsis de las buenas, inmejorable.

Pero más que una reseña, quiero hablar de la fuerza de los lazos que pudieron crearse en apenas dos años: Veníamos todos de distinto origen, buscando un camino y compañía para andarlo. Cuando terminamos, el camino aún no era claro, pero ya no estábamos solos: juntos habíamos vivido éxitos y fracasos, encuentros y desencuentros, amistades y enemistades, amores y decepciones. Más de una vez compartimos secretos, que acabaron siendo públicos; lágrimas, que al paso del tiempo supimos que fueron desperdiciadas; canciones, que hoy todavía cantamos a nuestros hijos; risas, que se prolongan hasta hoy con las mismas anécdotas de siempre. Juntos nos adentramos en los secretos del álgebra, festejamos campeonatos, memorizamos declinaciones del latín, estuvimos de campamento, dibujamos columnas dóricas, jónicas y corintias, disfrazamos un auto para un rally, sufrimos algunos exámenes y negociamos permisos con nuestros papás. Como dicen los clásicos: compartimos el pan y la sal (dignamente representadas en esos días por una cerveza y unas gorditas de Morales).

El refrán dice “recordar es volver a vivir”. A mí me pasó al revés: al convivir, aunque fuera unas pocas horas con mis amigos y compañeros, volví a recordar. Recordé de donde vengo y todo el camino que he recorrido para llegar hasta hoy.

En un abrir y cerrar de ojos (porque dos años son sólo realmente eso) tuvimos la oportunidad de regalarnos unos a otros sueños, ambiciones y esperanzas. Caminamos juntos llevándonos un poco de cada quien y dejando otro poco de nosotros en los demás. Luego cada quien tomó su ruta, pero siempre conscientes que habíamos compartido una escala en común. En mi camino voy acompañado por una persona increíble que me ha regalado tres hijos, y cuando levanto la vista para ver a mis compañeros en caminos paralelos, alcanzo a ver personas estupendas, en las que puedo confiar y a las que les deseo un feliz andar. Salud.


La nota musical:

Como anillo al dedo con la nota de hoy. Sin más preámbulos les dejo esta canción:

Nos gustaría brindarles el corazón,
vivir la vida de emoción en emoción,
sólo nos resta su atención agradecer,
y prometerles que los vamos a querer


Somos amigos, de ustedes amigos,
amigos de verdad,
por siempre amigos, de ustedes amigos
no vamos a cambiar.

“Somos Amigos”, Timbiriche, Álbum: Timbiriche, 1982

 
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Publicado el 20/08/2014 en
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miércoles, 13 de agosto de 2014

Cumpleaños en Lunes

El hijo mayor de mis compadres acaba de cumplir 14 años. Siendo vacaciones de verano, la fiesta con sus amigos fue pospuesta hasta el regreso a clases. Sin embargo, para que evento tan importante no pasara desapercibido, mis compadres prepararon una “pequeña” reunión. Deben entender que siendo ellos familia de seis, los otros compadres cuatro, y nosotros cinco, la más pequeña reunión tiene quince comensales. En fin, la cena fue de primer nivel (pizzas y una vino de contrabando para los adultos… gracias compadre), y la selección de invitados era VIP arriba (amigos-vecinos, nosotros y la respectiva prole de cada uno). Digamos, para evitarme un regaño de mi comadre, que todo estuvo de nivel para ser lunes de vacaciones escolares (Compadre: defiéndeme por favor).

Estoy seguro que en un principio, este no era el festejo que el adolescente de 14 años esperaba, pero también estoy convencido que acabó llevándose un regalo inesperado. Les platico:

Dado que éramos mayoría de adultos en la mesa, en cierto momento de la cena, la plática se desvió hacia situaciones ajenas al festejado y el evento. Entonces, en un esfuerzo por poner en el centro de la conversación al festejado, les propuse que cada uno contara el primer recuerdo que tuvieran del cumpleañero, o bien alguno significativo o al menos alguno divertido que tuvieran del susodicho. ¡Vaya sorpresa! ¡Qué les cuento! Después de un arranque algo lento e incierto, la reunión dio un giro inesperado. Con decirles que mi compadre tuvo que abrir otra botella (que para lunes ya cuenta). En menos de lo que nos dimos cuenta, el chamaco se llenó de anécdotas y la mesa de carcajadas. De todas ellas, les quiero compartir la que contó la mamá, es decir mi comadre: Cuando el muchacho en cuestión era niño, y la magia todavía dominaba su imaginación, era un fan empedernido de Buzz Lightyear, el personaje de Toy Story (si no sabes de qué hablo, haz una pausa, renta de inmediato Toy Story 1, 2 y 3 y continuas con la lectura. Por favor no olvides darle mi nombre a la señorita de la caja en el videoclub). Pues resulta que este niño estaba convencido que Buzz estaba escondido debajo de alguno de los conos anaranjados del centro comercial. Cada que estaban por ahí, se empeñaba en revisar uno por uno, ya sea levantándolo o asomándose por el orificio superior. La mamá, arquitecta de profesión, decidió construirle y construirse un recuerdo: con premeditación, alevosía y ventaja escondió estratégicamente el Buzz del niño debajo de un cono la siguiente vez que fueron al centro comercial. ¿Qué les puedo decir? La magia brilló en el corazón del niño y de la mamá, y diez años después, sigue brillando. La velada continuo, y los recuerdos también. La pasamos muy bien, y el festejado mejor (espero).

Vamos de paso y solo una vez. Entre toda la prisa de la vida, de vez en cuando es importante hacer un alto y recordar con los demás. Recuerdo no compartido, es recuerdo que va al olvido. Salud.



De verso en verso: Recuerdos. 
Un recuerdo hace sentido
siempre y cuando es compartido
Va presente en tu pasado
y también se va conmigo.

Un recuerdo solitario
tiende a desaparecer
Pero cuando se comparte
bien parece florecer.

La nota musical:
La canción de hoy se dedica a aquella delgada y escurridiza que todos deseamos. Su brevedad nos llena de alegría, aunque sea por efímeros instantes. Luego se va, y otra vez nos quedamos añorándola hasta su regreso. No la culpen. Ella es inocente. Lo que sucede es que nuestra necesidad desmedida supera infinitamente lo que su delgadez nos puede dar. Hoy dedicamos este espacio a la QUINCENA.

Casi siempre estoy pensando en ti,
me despierto sin saber por qué,
y la luna no me dice nada,
pero siempre estoy pensando en ti.

Y la música me está doliendo
me pregunta ¿dónde estás?
Y me acuerdo de nuestras miradas
en la noche que te conocí.

Cuando tengo verdaderas ganas de pensar
Me sorprendo porque casi siempre estoy pensando en ti.

“Casi siempre estoy pensando en ti”, Jorge Muñiz, Álbum: Te cantaré, 1986


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Publicado el 13/08/2014 en
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Consejos para pre-universitarios y neo-universitarios

En pocos días miles de jóvenes iniciarán su vida universitaria. Para ellos va este texto, desde la perspectiva que dan 20 años de vida post-universitaria.

Hoy día el mundo laboral es radicalmente diferente al que vivieron nuestros padres, inclusive es diferente al que mi generación vivió cuando salimos al mercado laboral. Las universidades se han visto obligadas a establecer estrategias creativas para ofrecer a sus alumnos la posibilidad de graduarse estando actualizados en el campo de su conocimiento, porque este cambio se da, además, de manera vertiginosa.

Estudiar una carrera universitaria no es sólo es recibir un entrenamiento formal en una rama específica del conocimiento. Es, además, el eslabón que en muchos casos cierra la formación de la persona antes de salir al mundo. No es un asunto trivial. Por eso, aquí te comparto algunos consejos de esos que enseña la vida en carne propia o que, si estamos atentos, se pueden aprender en pellejo ajeno:

Primero. Oídos y ojos bien abiertos. Hay estar atentos a las puertas que la vida nos abre. Como dice la canción: “los caminos de la vida no son como yo pensaba, no son como yo creía”. Es bueno tener un plan de vida, suficientemente sólido para perseguirlo, y suficientemente flexible “por si las flais” (pochismo antiquísimo que se traduce: “por si acaso”) Un anécdota basta como ejemplo: cuando inicié mi carrera me imaginaba muchas cosas de mi futuro trabajo. Hoy día, ninguna de ellas se cumplió, y no puedo imaginarme haciendo algo distinto a lo que hago.

Segundo. Para escoger la carrera hay que ver más allá del campus, las materias y el ambiente universitario. La carrera dura 5 o 6 años, la vida laboral es de ahí hasta el retiro. Hacer un sacrificio durante la carrera (vivir fuera, elegir una facultad con mayor exigencia, estudiar un par de materias que no son de tu agrado, etc.) vale la pena para asegurar la posibilidad de un futuro laboral exitoso (del cual ahondaremos en el último punto).

Tercero. Participa en actividades deportivas, artísticas o culturales. Ahí conseguirás habilidades muy valiosas para tu futuro: trabajo en equipo, liderazgo, sentido de urgencia, tolerancia a la presión, auto-exigencia, disciplina, etc. Muchas ofertas de trabajo piden estas características en los candidatos, y no siempre es fácil desarrollarlas en las aulas.

Cuarto. Estudia un segundo idioma. ¿Ya lo tienes? Estudia un tercero. Hoy más que nunca, oportunidades dentro y fuera del país se abren para quienes pueden ser puente para comunicarse con otras culturas.

Quinto. Lee, lee, lee, lee, lee. La lectura ampliará tu vocabulario, corregirá tu redacción y tu forma de hablar, te dará temas de conversación más allá del futbol y las telenovelas, estimulará tu imaginación y tu creatividad.

Sexto. Siempre tener actitud positiva, siempre estar “echado pa’adelante”. En más de una ocasión y en más de una empresa he visto como un candidato con buena actitud ha sido seleccionado sobre otros más aptos desde un punto de vista técnico. ¿Por qué? La respuesta es simple: es más fácil desarrollar las habilidades técnicas en una persona con buena actitud, que desarrollar la buena actitud en una persona con capacidades técnicas.

Séptimo. El éxito se mide de forma personalísima. Cada uno tiene la medida de sus retos, la meta de su satisfacción. No te compares más que contigo mismo: Basta con avanzar, basta con no conformarse, con no dejar de crecer. La fórmula es sencilla: a mi me lo enseñaron en la primera etapa de los Scouts: “El lobato se vence a sí mismo”.

Te deseo buen camino y felicidad. Elige sabiamente. Salud.



La nota musical:
Un clásico de los 90s, con ecos de la guerra fría, retrata ese momento de aspiraciones, anhelos, indecisiones y dudas. Eres grande Mateos.


…soy el sueño de mamá y papá
no, no les puedo fallar.
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando seas grande?
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando seas grande?
Estrella de Rock'n Roll,
presidente de la nación,
¿Nenene, nene que vas a ser
cuando alguien apriete el botón?

“Cuando seas grande”, Miguel Mateos, Álbum: Cóctel, 1993


De verso en verso: El camino. 

De frente queda el camino:
No le temas, es tu amigo.
Ya sabes bien donde inicia,
más no donde acabará.

Hoy llevas en tu equipaje
tu sonrisa y voluntad.
Llevando bastante de ambas
nada más te ha de faltar.

De frente queda el camino
No dudes, camina ya.
Que de eso trata la vida:
de elegir tu propio andar.



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Publicado el 06/08/2014 en www.antenasanluis.mx

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miércoles, 30 de julio de 2014

De apodos y sobrenombres

Hace unos días escuché en un programa de radio la entrevista que hacían a una psicóloga de “renombre”. La dama satanizaba categóricamente y sin excepciones los apodos y sobrenombres en los niños y adolescentes, argumentando que generaban problemas para la madurez, la seguridad y la construcción de la identidad del individuo (palabras más, palabras menos). Deben saber ustedes que toda la vida he vivido con un apodo... está bien, exageré: tengo 35 años viviendo con un apodo. Según la señorita psicóloga hoy día debo ser un cuarentón inmaduro, con problemas de identidad y de seguridad para enfrentarme a la vida. Sus comentarios me dejaron un poco preocupado, pero pronto vinieron a mi mente Edu y Sugus, personas cercanísimas a mí, y el alma me volvió al cuerpo: No estaba solo. Luego recordé a algunos amigos y compañeros de mi época universitaria, y me sentí más tranquilo: Yeyo, Flash, Brody, Chino, Cebollón, Patiño, Nariz, Patrón, Chepina, Pebi, Churro. Finalmente, cuando pensé en mis amigos y conocidos de la preparatoria y anteriores, pude respirar normalmente: Tío, Fefus, Chore, Huesos, More, Cuco, Pingüino, Bongo. Ya cuando me senté a escribir, también me acordé de los amigos de mis hermanos: Buchi, Espasmo, Conejo, Oso, Chiquistriquis, Chile, y un largo etcétera. O bien somos varias generaciones de inmaduros e inseguros o, como muchas ocasiones, el mundo no se puede describir en blanco y negro.

Estoy seguro que ninguno de los nombrados arriba se siente ofendido por el apodo que tiene. Al contrario, es probable que haya olvidado mencionar alguno y eso me generará algún reclamo. Más aún, no faltará el que me diga: “Entiendo que menciones primero a tu compadre, pero que me pongas después de Chucho no se vale.” Muchos de estos apodos fueron parte de un “bautizo” social, de un ritual de iniciación para pertenecer a un grupo: aquel que llegaba de otro estado y hablaba con acento muy marcado, el otro que alguna característica física lo distinguía de los demás, ese que fue protagonista en un evento particular, muchas veces sin intención. En su momento, estos apodos nos dieron la posibilidad de ser únicos, nos generaron una identidad irrepetible: En mi vida me he cruzado con varios Memos Martínez, pero nuestro apodo (Me refiero al Chino y a un servidor) nos diferenció del resto. Al paso del tiempo, estos apodos funcionan como referencia espacio-temporal: “¿Recuerdas a fulano de tal? ¡Acuérdate! Le decíamos “El Molcas”, iba en el salón 45.”

A lo largo de mi vida he sido nombrado de muchas maneras. Hoy día, mis queridas tías todavía me dicen “Memito”, un selecto grupo de amigos de mi infancia me conocieron como “Willis”, cuando viví en Celaya fui “Memo” al igual que hoy en mi trabajo. Varios amigos de mi actual ciudad me dicen “Guille” y a mi hijo, también Guillermo, le dicen “Guillo”. Ninguno de estos diminutivos, apodos o sobrenombres me generaron inseguridad ni inmadurez (Bueno, eso digo yo. Habrá que ver que dice mi amada compañera de vida y dueña de mis quincenas… jajajaja).

Por supuesto que en el trabajo no me llaman por mi apodo: eso sería absolutamente incorrecto. Igualmente, quiero aclarar que estoy completamente en contra de la discriminación y del ahora tan nombrado “bullying”. Si nos encontramos ante cualquiera de ambas, tenemos que alzar la voz: no hay lugar a dudas. Sin embargo, crecer en un grupo social y ser investido con un “nombre de guerra”, como antaño sucedía con los caballeros de la mesa redonda, es un honor. Puede ser un poco ridículo o chistoso, pero es un honor al fin.

La vida tiene tonalidades, nunca viene en blanco y negro. Así como un sobrenombre puede ser ofensivo, les puedo afirmar que hay apodos que trascienden y forman parte de nuestra identidad. Por cierto, nunca les dije cual es mi apodo, así es que ya tenemos tema para otro día. Salud.


La nota musical:


Una de mis canciones favoritas de los 90s lleva por título precisamente el apodo de una mujer. Nunca fue necesario que el compositor nos dijera su nombre para que pudiéramos imaginar a la susodicha de pies a cabeza.


En la vida conocí mujer igual a “La Flaca”
coral negro de La Habana, tremendísima mulata.
Cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de salsa
y en la cara dos soles que sin palabras hablan.
Que sin palabras hablan.


Por un beso de “La Flaca” daría lo que fuera
por un beso de ella aunque sólo uno fuera.
Por un beso de “La Flaca” daría lo que fuera
por un beso de ella aunque sólo uno fuera.
Aunque sólo uno fuera.

“La Flaca”, Jarabe de Palo, Álbum: La Flaca, 1996


De verso en verso: Indocumentado 

"Hay 11 millones de personas viviendo en las sombras”. Joe Biden, Vicepresidente de EEUU.

No es tu casa,
no es tu tierra,
no es tu gente.

Tienes techo,
tienes cama,
pan a diario.

No critico
que decides
ir pa’allá.

Si tu tierra
no te ofrece
nada más.


Twitter: @gmomtz


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Publicado el 30/07/2014 en www.antenasanluis.mx

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