Reencuentros.
Debo reconocer que cuando era niño me daba mucha risa cuando mis papás se encontraban a alguien en la calle, en el súper o en algún restaurante y, llenos de euforia decían: “Hace 20 años que no nos vemos. ¡Qué bárbaro, no has cambiado! Estás igualito”. Mamá, Papá: perdón, pero de verdad no lo entendía. No hacía sentido en mi cabeza de niño como ese señor o señora podía permanecer igual por veinte años. O bien ustedes estaban mintiendo o bien estábamos frente a un caso clásico de la enfermedad de Benjamin Button.
Como la vida es sabia y tiene sus modos sutiles de enseñarnos y, de vez en cuando, callarnos la boca, resulta que cada vez con más frecuencia estoy utilizando la misma frase que usaron mis papás. Así es, toda la frase. Si, completita. Y ya sé que todos están pensando en aquel personaje que en dos décadas aumentó 20 kilos, o en aquel otro que perdió 5000 cabellos, o en aquel o aquella que conocieron castaño y ahora es intento de rubio/rubia porque las canas no dejan que agarre bien el tinte. Me explico: uso la frase porque he descubierto que cuando me reencuentro con alguien, sus ojos son una ventana al pasado donde puedo ver la persona que fue, y al mismo tiempo, la persona que yo fui. Es un efecto curioso, acompañado de una avalancha de recuerdos. Es como si brevemente abriéramos un portal del tiempo y por un instante volviéramos a ser los mismos que cuando nos vimos por última vez: con la mochila de la escuela, o el uniforme de deportes, con la pañoleta azul y blanco del grupo 1 o los pantalones arremangados, con el copete tipo Flans o las clásicas hombreras. Añadan ustedes sus personalísimas fotografías mentales.
Al decirle al personaje que no ha cambiado, me lo digo a mi mismo con esperanza, y por breves instantes se asoma ese adolescente que no sabía que hacer con su vida, y en ese entonces, ni le preocupaba. Hemos cambiado físicamente, no cabe duda, pero nuestra esencia permanece; y reencontrarnos con alguien deja asomar a aquel que fuimos alguna vez, con todo y sus sueños y esperanzas.
En unas cuantas semanas voy a reunirme con mi generación de preparatoria. Seguro todos nos veremos “igualitos”. Ya les contaré entonces. Salud.
De verso en verso: Reencuentro
Te vi… ¿serás? No sé.
Te busco en mi mente
más no tengo suerte.
Te vi… ¿serás? No sé.
Te quito los lentes
y el paso del peine.
Te vi… ¿serás? No sé.
Más tú me saludas
gustoso de verme
Y ya con tu abrazo
estás en mi mente
de vuelta, sonriente
amigo de siempre.
La nota musical:
Hoy va dedicada a una compañera que, como a mí, acompaña a muchos mexicanos por 15, 20 o hasta 30 años. Querida Hipoteca, esta va para ti:
Incontable son las veces que he tratado
de borrarla y no he logrado
arrancarla ni un segundo de mi mente,
porque ella sabe todo mi pasado,
me conoce demasiado
y es posible que por eso se aproveche.
“Un montón de estrellas”, Gilberto Santa Rosa, Album Viceversa, 2002
Twitter: @gmomtz
--------------------
Publicado el 04/06/2014 en www.antenasanluis.mx
http://antenasanluis.mx/musico-poeta-y-loco-reencuentros/
No hay comentarios.:
Publicar un comentario