Verán
ustedes: estaba yo instalado en mi juventud madura rebosante de ingenuidad
cuando me llego el primer cubetazo lleno de años fríos: El más pequeño de mis
descendientes, que cursa primaria inferior, estaba en la computadora de la casa
(su casa por supuesto… bueno, del banco todavía, pero igual son bienvenidos)
navegando y viendo videos. Yo, como padre responsable, me mantenía a prudente
distancia supervisando a que se dedicaba. Resulta que este fulanito sangre de
mi sangre adora jugar algo llamado Minecraft, retro en sus gráficas pero
sorprendentemente popular. Pues pasó mi retoño un buen rato viendo videos
relacionados con dicho juego, narrados por un español que usa un seudónimo.
Algo llamó mi atención y le pregunté entonces: “¿Quién es ese Vegetta?”, y
¡¡¡ZAS!!! cayó la cubeta de golpe cuando me contesta: “Es uno de mis youtubers
favoritos” ¡¡¡ZAS!!! ¿Uno de tus qué? ¿Cuántos has visto para ya tener un
favorito? ¿Por qué tu mamá te lo permite? ¿Por qué el gobierno no hace una ley
al respecto? ¿Por qué Moisés no incluyó un mandamiento prohibiendo ese tipo de
cosas? Bueno, fue un sábado deprimente. Para mí, claro… el resto de la familia
la pasó de fiesta.
Días
después, me llegó otro amable recordatorio de la vida. Mi hija mayor, que estudia
ya en la universidad (Inicia pausa mientras los lectores se sobresaltan por el
dato en comparación con mi ausencia de canas. Si, tengo una hija universitaria.
Fin de pausa), decidió permitir a su padre ser su follower en Twitter.
Curioseando su timeline (ellos dicen stockeando), vi que tenía planeado ir a
algún encuentro en su campus con un fulano que para mayor información supera
los 100,000 followers. Con mi dulce y angelical voz le pregunté: “Amor, ¿quién
es ese tal perengano?” Y ahí empezó todo: Fue horrible, fue horrible, no lo vi
venir. Pero es mi culpa, por exponerme de esa manera. “¡Ay papá!”, dijo con
tono de misericordia, “De seguro no lo conoces”, agregó con infinita paciencia
y concluyó: “Es un Tweet Star y Vine Star, suuuuper famoso” ¡¡¡ZAS!!! ¡¡¡ZAS!!!
¡¡¡ZAS!!! Imaginen la escena: yo callado, de pie, ojito lagrimoso tipo Candy, con
cara de “¿cuándo me perdí todo eso?” y una fisurita recorriendo mi juvenil
corazón.
Está
de peso hacerse grande, pero hay que hacerlo con dignidad. Salud.
La nota musical:
Pues
para redondear el tema de hoy, no hay mejor canción que esta. Compuesta por
Roberto Livi y Rafael Ferro, ha trascendido generaciones y fronteras. Le sobran
intérpretes, así es que escojan el que más sea de su agrado.
Cómo
han pasado los años,
las
vueltas que dio la vida, nuestro amor siguió creciendo,
y con él, nos fue envolviendo,
habrán pasado los años,
pero el tiempo no ha podido,
hacer que pase lo nuestro
“Cómo
han pasado los años”, Rocío Dúrcal, Álbum: Hay amores y amores, 1995
“Si
la existencia del Estado se justifica para evitar la muerte violenta de sus
ciudadanos, luego entonces ¿Qué pasa en Guerrero?”
Mariana
Escobedo, “Iguala, el municipio de las fosas comunes”, El País, 2014
Tú
querías ser recordada
por
un sastre sin igualque de obsequio dio a la Patria
el emblema nacional.
Tú
querías ser recordada
como
escena principalde la firma del Tratado
que selló la libertad.
Ya
no será tu nombre
orgullo
de la naciónpues a partir de ahora
se asocia con miedo
e indignación
Twitter:
@gmomtz
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Publicado el 15/10/2014 en www.antenasanluis.mx
http://antenasanluis.mx/musico-poeta-y-loco-cuando-el-destino-nos-alcanza/
Publicado el 15/10/2014 en www.antenasanluis.mx
http://antenasanluis.mx/musico-poeta-y-loco-cuando-el-destino-nos-alcanza/
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