miércoles, 15 de octubre de 2014

Cuando el destino nos alcanza

Hacerse a la idea de hacerse mayor no está fácil. De joven uno piensa que va a llegar poco a poquito, así como van saliendo las canas o así como se va perdiendo el cabello, como sin darse cuenta. Pero no. Pasan los días, semanas, meses y años y uno sigue creyéndose tan actual como cuando tenía veinte años… y en eso ¡ZAS!, golpe de frente contra la antigüedad acumulada. Olvídense del “Bucket Challenge”, eso es para principiantes. Cubetazo bueno es el que le dan los años a uno de vez en cuando.

Verán ustedes: estaba yo instalado en mi juventud madura rebosante de ingenuidad cuando me llego el primer cubetazo lleno de años fríos: El más pequeño de mis descendientes, que cursa primaria inferior, estaba en la computadora de la casa (su casa por supuesto… bueno, del banco todavía, pero igual son bienvenidos) navegando y viendo videos. Yo, como padre responsable, me mantenía a prudente distancia supervisando a que se dedicaba. Resulta que este fulanito sangre de mi sangre adora jugar algo llamado Minecraft, retro en sus gráficas pero sorprendentemente popular. Pues pasó mi retoño un buen rato viendo videos relacionados con dicho juego, narrados por un español que usa un seudónimo. Algo llamó mi atención y le pregunté entonces: “¿Quién es ese Vegetta?”, y ¡¡¡ZAS!!! cayó la cubeta de golpe cuando me contesta: “Es uno de mis youtubers favoritos” ¡¡¡ZAS!!! ¿Uno de tus qué? ¿Cuántos has visto para ya tener un favorito? ¿Por qué tu mamá te lo permite? ¿Por qué el gobierno no hace una ley al respecto? ¿Por qué Moisés no incluyó un mandamiento prohibiendo ese tipo de cosas? Bueno, fue un sábado deprimente. Para mí, claro… el resto de la familia la pasó de fiesta.

Días después, me llegó otro amable recordatorio de la vida. Mi hija mayor, que estudia ya en la universidad (Inicia pausa mientras los lectores se sobresaltan por el dato en comparación con mi ausencia de canas. Si, tengo una hija universitaria. Fin de pausa), decidió permitir a su padre ser su follower en Twitter. Curioseando su timeline (ellos dicen stockeando), vi que tenía planeado ir a algún encuentro en su campus con un fulano que para mayor información supera los 100,000 followers. Con mi dulce y angelical voz le pregunté: “Amor, ¿quién es ese tal perengano?” Y ahí empezó todo: Fue horrible, fue horrible, no lo vi venir. Pero es mi culpa, por exponerme de esa manera. “¡Ay papá!”, dijo con tono de misericordia, “De seguro no lo conoces”, agregó con infinita paciencia y concluyó: “Es un Tweet Star y Vine Star, suuuuper famoso” ¡¡¡ZAS!!! ¡¡¡ZAS!!! ¡¡¡ZAS!!! Imaginen la escena: yo callado, de pie, ojito lagrimoso tipo Candy, con cara de “¿cuándo me perdí todo eso?” y una fisurita recorriendo mi juvenil corazón.

Está de peso hacerse grande, pero hay que hacerlo con dignidad. Salud.


La nota musical:

Pues para redondear el tema de hoy, no hay mejor canción que esta. Compuesta por Roberto Livi y Rafael Ferro, ha trascendido generaciones y fronteras. Le sobran intérpretes, así es que escojan el que más sea de su agrado.

Cómo han pasado los años,
las vueltas que dio la vida,
nuestro amor siguió creciendo,
y con él, nos fue envolviendo,
habrán pasado los años,
pero el tiempo no ha podido,
hacer que pase lo nuestro

“Cómo han pasado los años”, Rocío Dúrcal, Álbum: Hay amores y amores, 1995

 
De verso en verso: Iguala de la Independencia

“Si la existencia del Estado se justifica para evitar la muerte violenta de sus ciudadanos, luego entonces ¿Qué pasa en Guerrero?”
Mariana Escobedo, “Iguala, el municipio de las fosas comunes”, El País, 2014

Tú querías ser recordada
por un sastre sin igual
que de obsequio dio a la Patria
el emblema nacional.

Tú querías ser recordada
como escena principal
de la firma del Tratado
que selló la libertad.

Ya no será tu nombre
orgullo de la nación
pues a partir de ahora
se asocia con miedo
e indignación

 

Twitter: @gmomtz




 

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