miércoles, 27 de enero de 2016

La Guerra de las Galaxias (II)


La Guerra de las Galaxias (II)

 

En 1999, después de 16 años del estreno del Episodio VI: “El Regreso del Jedi”, se estrenó la primera cinta de la trilogía-precuela de Star Wars. Al igual que sucedió en el pasado diciembre, las expectativas eran enormes y las dudas abundaban en la mente de todos nosotros pobres espectadores: ¿Cómo surgió el Imperio? ¿Cómo es que Darth Vader fue seducido por el lado oscuro de la fuerza? ¿Quién era la madre de Luke y Leia? ¿Por qué no hay más Jedis? ¿Cómo hacían los Troppers para ir al baño? ¿Cómo le cambiaban el aceite a C3P0?

 

Antes de seguir adelante, quiero aclarar que nunca he sido ni pretendo ser crítico o columnista de cine: es un hecho que no cuento ni con la experiencia ni con la preparación para serlo (aunque muchos de los que ostentan el título y escriben al respecto tampoco cubren estos requisitos). Simplemente soy un fan de la historia y los personajes, medianamente enterado y documentado en el asunto. Así es que todo lo que aquí les platico es desde la perspectiva de un fan. Volviendo al tema, hoy voy a comentarles sobre las cosas que más me gustaron y menos me gustaron de la trilogía-precuela: Episodio I, II y III.

 

Lo que si me gustó:

1. Ver a Jedis y a Siths en plenitud de facultades. La trilogía original solamente nos permitió conocer a dos Jedis ancianos y uno de ellos nunca empuñó el sable. Luke estuvo en entrenamiento toda la trilogía y solamente se convirtió en Jedi al final del Episodio VI. Darth Vader, aún y siendo un villano emblemático, dejaba mucho que desear en las escenas de acción. Ver duelos con representantes de ambas bandos y de diferentes especies era justo lo que esperaba.

2. Jango Fett en acción. La trilogía original convirtió a Boba Fett en un icono de la saga, a pesar de que no sumó ni 20 minutos en escena entre las tres películas. Siendo humano, era imposible mostrarlo en acción en la precuela, pues bajo esa línea de tiempo sería solo un niño. Así pues llegó su “padre” Jango Fett a llenar ese vacío. No sólo pudimos verlo en plena acción en lucha cuerpo a cuerpo, sino además en persecución espacial dentro de su legendaria nave Slave I. Jugada Maestra.

3. Batallas. Excepto por la batalla en Naboo (donde participa Jar Jar Binks) que podemos borrar de nuestras mentes y del Episodio I, la precuela nos regala una colección de batallas espectaculares de todo tipo, por supuesto logradas gracias al desarrollo de la tecnología.

4. Mace Windu, Qui-Gon Jinn y Obi-Wan Kenobi. Se nota que no escatimaron en la nómina. Y por supuesto, con actores de este calibre, cualquier guión se vuelve memorable. Si hay que pensar en más personajes Jedis para la nueva trilogía, por favor avísen a los productores y directores de Disney que no inventen cosas. La fórmula ya está hecha: Contraten buenos actores y díganles que interpreten un tercio de caballeros, un tercio de superhéroes y un tercio de sabios.

 

Lo que no me gustó:

1. Jar Jar Binks. Un personaje pensado para causar risa y que terminó causando lástima. Espero que nunca, nunca, nunca, NUNCA exista un “creativo” que tenga la mala idea de revivirlo. Rara combinación de Goofy (Tribilín para los de mi generación), Kermit (la Rana René) y El Chavo del Ocho.

2. Un R2D2 demasiado renovado. Si tenía todos esos accesorios tan chidos, chéveres, prácticos, ¿por qué nunca los utilizó en la trilogía original? Ahora resulta que podía volar, arrojar aceite, avanzar a más de 5 km por hora, proyectar en HD y enfrentarse a todo tipo de enemigos humanos, alienígenas y robóticos. El R2D2 que conocimos nunca pasó de echar silbiditos, caminar de un lado a otro con una charola en la cabeza, lanzar un sable láser al aire, coquetear con la computadora de la Estrella de la Muerte y tener incorporado un proyector de acetatos y otro de cuerpos opacos. ¿En qué momento involucionó? La continuidad perdió la batalla contra los encargados de efectos especiales.

3. Padme y su doble personalidad. Por un lado, la Reina y más tarde Senadora Amidala se muestra como un personaje inteligente, audaz, independiente, capaz de encabezar un asalto al Palacio Real de Naboo y de vencer por sí sola a una bestia en Geonosis, y con la sagacidad para participar al más alto nivel de la política de la galaxia. Por otro lado, de pronto se vuelve excesivamente femenina, rayando en debilidad y dependencia de ser protegida, además de dejarse llevar por las emociones del momento enamorándose de una persona claramente inestable e inmadura (¡Zas! Hubiera estudiado Psicología). Es un personaje con luces y sombras para el espectador, lejos de presentar competencia a su hija, la muy querida Princesa Leia. Es, por todo ello, un personaje complejo, y no solo por ser mujer (reclamos en inbox en 3, 2, 1…).

4. La madre de Leia y Luke. No es justo. Nos deben una explicación. Toda la precuela guarda cierto sentido con la trilogía original, excepto por una escena en el último tercio del Episodio VI. Ahí, en la Luna de Endor, Luke y Leia descubren que son hermanos, y ante el cuestionamiento de Luke, Leia le confirma que ella si recuerda a su madre, y que la recuerda como una persona triste. Inconsistencia explicable, pero inconsistencia al fin.

Buen día, buena semana, buena vida. ¡Salud!

 

 
 

Twitter: @gmomtz

 

Textos anteriores: http://columnamusicopoetayloco.blogspot.mx/


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Publicado el 27/01/2016 en: www.antenasanluis.mx
http://antenasanluis.mx/la-guerra-de-las-galaxias-ii-una-opinion-de-guillermo-martinez/
 
 

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