miércoles, 21 de enero de 2015

Son las letras la clave secreta

Recuerdo que siendo yo niño mi mamá tenía una colección de libros de Agatha Christie. Los títulos llamaron mi atención tan pronto pude leer y tener un vocabulario más o menos decente: Muerte en el Nilo, El truco de los espejos, Diez negritos, etc. Al principio a escondidas, y luego descaradamente, me sumergí horas enteras en un mundo de misterio y aventura. En mi imaginación fui testigo de como el famoso detective Hércules Poirot desenmarañaba decenas de pistas para lograr atrapar al malhechor. Desafortunadamente esta colección dejó de existir paulatinamente, pues de préstamo en préstamo se fueron haciendo menos. Para mi décimo cumpleaños, mi prima Norma (en su papel de madrina) me regaló “La Cabaña del Tío Tom”, de Harriet Beecher Stowe. Recuerdo haberlo leído de poco en poco, de escena en escena, pues estaba muy impresionado al conocer de cerca la barbarie que fue la esclavitud de los afroamericanos. El libro tiene un lugar preferencial en mi librero, y se conserva en buen estado a pesar de pasar ya de las tres décadas de vida.

A Julio Verne lo conocí en casa de mi tío Mario, que tuvo la feliz ocurrencia de comprar una colección llamada “Obras Completas de Julio Verne”, grandes libros empastada en tonos rojos y naranjas. Cada vez que pasábamos de visita, mientras mis papás y él se enfrascaban en largas pláticas, yo fui leyendo de poco en poco varios libros de la colección.

Esas son algunas de las lecturas que más recuerdo de mi niñez y adolescencia. Hoy, la industria literaria ha descubierto un mercado muy fructífero en la niñez y la juventud. Hoy día, más que antes, se entusiasman los chamacos con sagas y colecciones que, de tener éxito, más tarde son llevadas al cine. En los últimos años, en mi papel de padre, me he puesto a leer muchas colecciones para niños y adolescentes; primero para supervisar qué leen mis hijos, y luego, por mera diversión y, ya para serles franco, con un poco de envidia por la oportunidad que tienen mis hijos de encontrar aventuras, misterio y romance juvenil. Estoy seguro que algún día llegaran a los clásicos. Todo tiene su tiempo. Eso no me preocupa. Y así, mientras mis hijos han ido creciendo, diversos textos y colecciones se nos han aparecido en el camino. Hemos leído, platicado y discutido a “Harry Potter” (mi hija creció con el mago, y yo vi crecer a Hermione… jajaja), “El número cuatro” (excelente colección de ciencia ficción. Lástima que solo le alcanzó para la primera película), “Jumper” (de los libros que más me han gustado en este género), la saga “Crepúsculo” (curioso amasijo de sangre y miel. Todavía sigo empalagado). Con el más pequeño, estamos disfrutando las travesuras de “El diario de Greg”, porque acabamos de superar las aventuras de “Gerónimo Stilton”. De los más recientes puedo comentarles que “Maze Runner” no fue de mi agrado, ni en el cine ni en los libros; y “Divergente” me quedó a deber en el desenlace. “Los Juegos del Hambre”, con todo y Jennifer Lawrence, muestra a los lectores los riesgos de un gobierno absolutista; mientras la saga de “El Hechicero” (son 7 libros) resucita mitologías de todos los tiempos y todos los países. ¿Qué les puedo decir? Me divierto y tengo un buen pretexto para compartir y platicar con mis hijos. Buena práctica para las tardes de invierno que aún nos restan. Salud.


La nota musical:

Una canción para remover polilla en las neuronas. Si la oíste, estoy seguro que la recodarás.

En los libros hallarás el Tesoro del Saber
para ti todo será si aprendes a leer.

Pues son las letras, la clave secreta
que a mundos nuevos te deja entrar
hay letras gordas, otras flaquitas
o alargaditas, grandotas, chiquitas
que tienen tres curvas o son derechitas
también, y que al ponerlas unas con otras
parecen notas de una canción.

“El Tesoro del Saber”, Burbujas, Álbum: Burbujas, 1979

 
 
Twitter: @gmomtz




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Publicado el 21/01/2015 en
www.antenasanluis.mx
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