El papá del jugador
Estoy seguro que cuando el Creador se
puso a repartir talentos a la humanidad, lo hizo con tal sabiduría que se
aseguró de que todos tuvieran al menos uno y nadie tuviera todos. Con esa misma
chispa divina (que a veces tiene un tono de humor negro), decidió una jugada
maestra: a todos sin excepción nos regaló el libre albedrío. Usándolo
sabiamente basta un talento divino para multiplicarlo a lo largo de la vida.
Ignorándolo, ni una multitud de talentos no aprovechados te salva de terminar
como diputado plurinominal dormido en sesión extraordinaria, es decir, como
bueno para nada. Pues así las cosas, estoy seguro que a mí me tocaron dos o
tres talentos. Dice mi mamá que son más, pero creo que los extravié en el
kínder. Luego abundaremos en eso. El talento que definitivamente no me tocó, y
de ello sobran evidencias, es la habilidad en los pies. Miren: no puedo marchar
dignamente, bailar para mí es un esfuerzo sobrehumano y un evento cómico para
los que me ven, y si llegamos a los deportes, el futbol es para mí como el
trinomio cuadrado perfecto para un estudiante de gastronomía o derecho. Cuando
de niño jugaba futbol siempre me escogían al último, aún después de escoger a
las niñas y al perro. Permítanme ponerlo de este modo: En casa, el futbol es
como el Espíritu Santo: sabemos que existe pero nadie lo ve. ¿De dónde entonces
me resulta que el más pequeño de mis hijos ahora entrena varias veces por
semana y juega en una liga infantil? ¿Qué consejos le voy a dar en los torneos
y en sus juegos de los sábados? ¿Con qué sabiduría futbolística voy a poder
iluminarlo para que se supere a si mismo y entrene con más ahínco cada día? ¿Con
qué autoridad puedo aconsejarlo si ya desde ahora empieza a hacer movimientos
que yo nunca pude ni podré hacer? ¿Cómo voy a lograr potenciar sus pequeños
talentos pamboleros para que se desarrollen de manera adecuada? ¿Cómo voy a
poder guiarlo para que se convierta en un jugador que se exija como
profesional? ¿Cómo voy a lograr que mis compadres (sus padrinos) no lo
contaminen con sus pasionales aficiones a equipos, equipillos y equipejos, y más bien se limiten a apoyarlo y a
aconsejarlo?
Es demasiada presión para mí. No voy a
poder con ella. Me voy a resignar a ser un papá que permita que su hijo
practique para estar sano, juegue para divertirse y disfrute haciendo equipo
mientras es feliz en la cancha con sus amigos. ¡Salud!
De
verso en verso (In memoriam Julieta)
Ya
no hay dolor,
ya
no hay temor,
vivo
en la luz,
estoy
con Dios.
Twitter:
@gmomtz
Textos
anteriores: http://columnamusicopoetayloco.blogspot.mx/
---------------------------------------------
No hay comentarios.:
Publicar un comentario