viernes, 26 de diciembre de 2014

El sermón del Padre Marcos

Celaya fue nuestro hogar durante 7 años. Llegamos persiguiendo el trabajo y nos fuimos llenos de recuerdos y buenos amigos. En aquel entonces, con mis retoños aún pequeños, asistíamos a una misa para niños presidida por el Padre Marcos (Q.E.P.D.). Era uno de esos personajes que se quedan grabados en la memoria por su singularidad: medía como 1.85 de estatura y como otro tanto de circunferencia; cada domingo dedicaba la liturgia a los niños de forma tal que no había necesidad de llevar a nadie a regañadientes; finalmente, era original: no había repetición ni redundancia en sus sermones, y cada domingo nos llevábamos (todos) algo para la semana.

Un domingo de tantos, el Padre Marcos, palabras más, palabras menos, comenzó su sermón así: "Por favor nadie se mueva de su lugar hasta que yo les diga. Tengo unos pocos regalos que me gustaría rifar entre todos los niños y sus familias. Así es que abajo de cada uno de sus lugares está pegado un papel que dice quién se lleva un premio y quién no. Cuando yo diga tres, por favor toman el papel, lo desdoblan y, quienes tengan boleto ganador pasan al frente." Sobra decir que apenas terminó de hablar, toda la chiquillada había entrado en un estado de expectación total. ¿Han visto los documentales de Discovery cuando las leonas están a punto de caerle a una presa grande? Bueno, pues hagan de cuenta. "A la una...": asientos vibrantes y todos los ojos fijos en el sacerdote. “A las dos…”: manos inquietas listas para la acción. “¡¡¡A las tres!!!”: un templo frenético buscando debajo de los asientos, padres e hijos por igual. Pasado un minuto de ruido y movimiento, todos estábamos desconcertados: no había ningún papel bajo ningún asiento.

Marcos miraba su feligresía con una media sonrisa tipo Monalisa y entonces entendí que traía algo entre manos. Después de pedir silencio con la mano, invitó a un niño a pasar al frente y platicó con él en el micrófono: “Hola amigo, ¿qué pasó?” – preguntó. “No están los papeles Padre” – contestó el entrevistado. “¿Tú viste los papeles antes de sentarte?” – insistió. “Nooo” – contestó el menor con el típico acento celayense de alargar las vocales al final. “Entonces, ¿cómo sabes que estaban ahí?” – dijo el sacerdote. “Porque tú nos dijiste” – sentenció el voluntario. Aclaro que los niños encontraban natural hablarle de “tú” al Padre Marcos, otro rasgo de su singularidad. “Gracias amigo” –le dijo a la vez que lo invitaba a regresar a su lugar. “La dinámica que acabamos de hacer sirve para explicar qué es la FE. ¿Saben ustedes niños qué es la FE?” – silencio total y expectante. Los niños mirando atentamente. “Us-te-des (mirada recorriendo toda la audiencia) creyeron en los papeles sin haberlos visto. Ustedes tuvieron FE en mí. ¿Saben qué es la FE? La FE es creer sin haber visto…” y continuó con una breve explicación complementaria y un par de ejemplos adicionales para los niños.

Navidad es la celebración de la FE: Aquella de una mujer, casi niña, que sin saber en dónde iba a terminar todo aquello, dijo SÍ sin pestañear. Aquella de su esposo, que asumió una realidad que contradecía todas sus creencias en un amoroso silencio conyugal. Aquella de los que nada tienen y todo esperan. Aquella de los viajeros, que seguro se sorprendieron de encontrar tanta sencillez en algo tan anunciado por el universo.

Que Dios bendiga su familia y sus hogares. Que haya FE en sus corazones. Salud.

De verso en verso: Siempre Tú

Siempre Tú nos cambias la jugada,
siempre Tú volteas la última carta.

Para mostrar tu poderío
pusiste un Rey dentro de un niño

Para salvar nuestro destino
en prenda diste tú único Hijo.

Siempre Tú, palabra en el silencio.
Siempre Tú, silencio que retumba.


Twitter: @gmomtz


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Publicado el 24/12/2014 en
www.antenasanluis.mx

http://antenasanluis.mx/el-sermon-del-padre-marcos/

 

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