Cuando
el trabajo me lo permite, me gusta llevar a mis hijos a la escuela por la
mañana. Es un trayecto de aproximadamente 20 minutos, todo por calles de ida y
vuelta que hacen prácticamente imposible el buscar rebasar. Por otro lado, la
carga vehicular es interesante, ya que en la misma zona hay 4 o 5 escuelas. Con
esto en mente, todos procuramos conducir con la mayor agilidad que nos permiten
las circunstancias, pero de alguna manera resignados a que la mayor velocidad
posible será la del carro que va adelante.
Por
motivos que por ahora no voy a detallar (so pena de perder mi derecho a cenar),
el otro día se nos hizo tarde. Salimos pues rápidamente a incorporarnos al
convoy de autos que compartían nuestra circunstancia. De pronto, en una calle que
es bastante larga, me llamó la atención algo en el retrovisor: en medio de la
penumbra (fue antes del cambio de horario) se veía un coche rebasando uno a uno
la larga procesión de autos en que nos encontrábamos mientras esquivaba los
autos que venían de frente. ¡Zoom! ¡Zoom! ¡Zoom! Me quedé asombrado. ¿Se
acuerdan del programa aquel de Automan que pasaba los autos en ángulos rectos?
¿No? Bueno, pero si se acuerdan de las motocicletas de Tron, ¿cierto? Pues
hagan de cuenta que así era el asunto. Una habilidad verdaderamente endemoniada
para controlar el cambio entre el acelerador y el freno. ¡Zoom! ¡Zoom! ¡Zoom! Por
supuesto que más de una vez, al incorporarse al carril, molestó a algunos
conductores que sonaron su claxon en protesta, mismos que fueron ignorados con
indiferencia. En menos de lo que ustedes leen esto, el auto estaba tras de mí,
preparando su siguiente rebase. Por el retrovisor descubrí la personalidad del
audaz piloto: una dama con el cabello recogido acompañada de dos chamacos de
edad escolar. Seguro iba tarde igual que nosotros, pero tenía más determinación
que yo (o más urgencia de deshacerse de sus hijos, jajaja). Ni tarda ni
perezosa, en la primera oportunidad (que yo no hubiera tomado), me pasó y se
colocó frente a mí. ¡Zoom! ¡Zoom! ¡Zoom! Siguió para adelante hasta que la
perdimos en el semáforo que a mí me tocó en rojo. “¡Vaya piloto!”, pensé para
mis adentros, “¡Qué la saquen de las calles y la preparen para la Fórmula 1!” Fue
verdaderamente sorprendente.
El
resto del trayecto transcurrió sin incidentes. Llegamos a la escuela un minuto
antes de la campana y mis herederos se bajaron corriendo (herederos de
apellido, porque por lo demás solamente hay deudas). Venía ahora el segundo reto:
llegar a tiempo para mi junta. Tomé pues mi ruta con determinación y a los
pocos metros me encuentro atrás de la piloto de más temprano. “¡Maravilloso!”,
pensé, “La calle está bastante libre y ella me abrirá camino”, y me dispuse a
ganar algo de tiempo. Lo extraño fue que manejaba a una velocidad promedio de 30
km/h cuando ningún auto iba delante de ella. “Tal vez va ocupada cambiando la
estación de radio o haciendo una llamada…”, me aventuré a suponer. Pero mi
teoría se vino abajo cuando la vi manipulando su celular, seguramente
socializando en Whatsapp, Facebook o alguna otra red social. “¡Qué pasa! ¡Qué
es esto!” comencé a preocuparme mientras veía la hora y la fila de autos en el
carril contrario que me impedían rebasar. Me atreví a “echarle” las luces altas
un par de ocasiones y, nada. La susodicha seguía manejando como adolescente en
su primera clase de manejo y manipulando alegremente su teléfono. ¿Qué hacer?
¿Qué hacer? No pedía mucho. Nada de romper el reglamento de tránsito. Solamente
necesitaba que circulara a la velocidad máxima permitida para esta ruta. No
hubo otra opción que tocar el claxon suavemente para hacerle notar mi urgencia.
¡Honk! ¡Honk! No hubo efecto. Apenas si logre que medio se acomodara en su
asiento. Va de nuevo: ¡Honk! ¡Honk! ¡Honk! Ahora si hubo reacción: Bajó el
cristal, sacó la mano, me hizo la batiseñal y subió el cristal nuevamente para
ignorarme abiertamente los siguientes 10 minutos hasta que tomamos rutas
distintas. Me quedé pasmado, anonadado, estupefacto, ensimismado humillado y
retrasado para mi junta. La dama se había quedado sin urgencia, sin motivación
digamos, y no le importó el tiempo de los demás, solo el suyo. Moraleja: si vas
atrás del auto verde de la piloto bipolar, prepárate para sorprenderte o
resignarte. Moraleja Bis: Considera el tiempo de los demás cuando vayas
manejando. Salud.
La nota musical:
¿Se
acuerdan? Antes se llamaban mallas, hoy leggins. Antes se usaban hombreras, hoy
ya no. Antes se llamaban Ilse, Ivonne y Mimí, y hoy no han cambiado de nombre.
Habrá que ver si pueden seguir haciendo los mismos pasos que entonces. Del baúl
de los recuerdos, un exitazo del pop mexicano:
Y
después de una hora lo logré subir
y
mi radio en el momento yo lo prendí busqué la sintonía, con mejores melodías
todo vino sin control, miré el retrovisor
la avenida era toda mía
Y
corre, corre, corre por el boulevard
corre,
corre, corre, sin mirar atrás corre, corre, corre, te voy a atrapar
corre, corre, corre, ya no puedo más
“Corre,
corre”, Flans, Álbum: Luz y Sombra, 1987
Twitter:
@gmomtz
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Publicado el 12/11/2014 en www.antenasanluis.mx
http://antenasanluis.mx/la-piloto-bipolar/
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