jueves, 13 de agosto de 2015

El Inicio


El inicio

El texto que les comparto a continuación cumple 23 años el próximo noviembre. Lo escribí en 1992 para participar en el VII Festival Cultural Intercampus del Tecnológico de Monterrey, celebrado en aquel entonces en Irapuato, y en el cual tuve el honor de ganar el Segundo Lugar en la categoría “Cuento Corto”. Según yo, no ha perdido vigencia, especialmente en esta semana que los jóvenes universitarios regresan a clase, pero mejor juzguen ustedes. No pregunten si es anécdota, porque no pienso contestar. Salud.


EL INICIO

 Aunque se encontraba despierto y con los ojos abiertos, todavía permanecía en su cerebro la última imagen del sueño: la mesa del antecomedor de la casa de Sergio, las fichas blancas del dominó sobre la mesa y los envases medio llenos de cerveza frente a cada uno de aquellos que consideraba sus amigos. En su mano izquierda, un cigarrillo, y en la derecha, la ficha que cerraba el juego y que, de acuerdo a sus cálculos, le daría el triunfo a Paco y a él. Justo en ese momento, dejando el juego inconcluso, había sonado el despertador, acabando con esa imagen, que más que sueño era un recuerdo.

Tristemente, y con sus ojos finalmente acostumbrados a la oscuridad, se incorporó y se sentó en la orilla de la cama. Extendió la mano y encendió la lámpara, sólo para desanimarse más al ver la hora: 6:03 AM. En su interior, trató de convencerse de que valía la pena todo el esfuerzo y sacrificio que estaba haciendo, pero fue inútil. Olvidarse de lo increíble que había sido el último mes no era fácil. Luego buscó en sus neuronas los motivos, algunos que ni él mismo creía y otros de mucho peso que lo trataban de convencer, o más bien, de obligar a regresar: su familia, su futuro, un vago sentido de responsabilidad y el mismo reto que él se había impuesto. Por fin, resignado y convencido solo a medias, se metió a la regadera, mientras pensaba, consolándose, que al menos el primer día de clases no dejaban tarea.

 

La nota musical:

Un clásico del regreso a clases, regalo del veracruzano que transformó la canción infantil en México, y llenó de melodías a varias generaciones.

Caminito de la escuela,
porque quieren aprender,
van todos los animales
encantados de volver.

El camello con mochila,
la jirafa con su chal,
y un pequeño elefantito
da la mano a su mamá.

"Caminito de la Escuela", Francisco Gabilondo Soler “Cri-Crí”, Álbum: Cri-Crí, El Grillito Cantor, 1956

 
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Publicado el 13/08/2015 en
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miércoles, 5 de agosto de 2015

Mis Com-pa-de-res


Mis Com-pa-de-res


Pues verán… mmm, mejor lo cambio a “pos verán”, para que quede más adecuado al tema de hoy.

Pos verán: En un ratito de ocio que tuve el otro día, me puse a hacer un recuento de mis compadres. Tarea tan titánica tuvo que ser acompañada del apropiado combustible, y entonces, mientras me tomaba mi cerveza, llegué a varias conclusiones:

En primerísimo lugar, y gracias al Creador, descubrí que no tengo compadres abstemios. Más bien en algunos casos todo lo contrario. Y qué bueno, si no imagínense que complicación sería tener una sana convivencia. De mis comadres me abstengo de comentar al respecto, no vaya a ser que luego por andar hablando le retiren permisos a mis compadres.

En segundo lugar, caí en cuenta que la mayoría de ellos son asiduos deportistas, lo cual también es una ventaja para que mi princesa y sus bronto-hermanos tengan un mejor ejemplo que el que yo les puedo dar. Y digo, no es que yo no sea ejemplo, pero no soy ejemplar en ese aspecto de la vida y… yo creo que ese tema mejor ya lo dejamos por la paz.

En tercer lugar me di cuenta que la mayoría de ellos son asiduos seguidores del fútbol nacional. Más de uno, obviamente, tienen un vacío en su corazón desde que “descendió” el San Luis injustamente. Alguno le va al Pachuca y otro al Pumas, aunque se rumora que antaño era Americanista. El todavía recién casado tuvo que ajustar su argumento sabiamente y ahora afirma que le va a los Mineros de Zacatecas, pero ya veremos luego. Desde este espacio agradezco a todos mis compadres pamboleros la paciencia que han tenido con mi ignorancia al respecto, pero sobre todo, con mi falta de pasión y de entusiasmo. Han de saber ustedes que el último partido completo que vi de fútbol fue la final de Brasil 2014. Hay amplias probabilidades que el siguiente que vea completo sea la final de Rusia 2018, a menos, claro, que antes se dé el mítico quinto juego de la selección, pero no me puedo comprometer a nada.

Estaba en eso cuando caí en la cuenta que tengo un par de com-pa-de-res. Es decir, compadres que son seguidores de los Ti-gue-res, equipo que esta semana juega el partido de vuelta en la final de la Copa Libertadores. Les puedo asegurar que son apasionados de hueso colorado. A mis queridos com-pa-de-res, y a todos los Ti-gue-res, les deseo que venga un merecido triunfo. A mi compadre el Rayado le pido sea humilde: el fondo de la tabla no es lugar para andarse alzando el cuello; y le sugiero se solidarice por un par de horas, total, los Tigres también están rayados. A todos ellos, y al resto, les mando un saludo afectuoso y un agradecimiento por seguir siendo ejemplo para mis chamacos… casi siempre. Jajajaja. Salud.

 

La nota musical:

Difícil presentar una canción cuando uno está en desacuerdo con la letra. Ni modo. La música es buena y hoy la columna es para los compadres. Ahí se las dejo.

 
Fanáticos de bandera,
de amor por la camiseta,
hinchas de un club de primera,
con la pasión en las venas.
Solo queremos salir a jugar,
no importa el lugar, no importa el rival.

Nada es lo mismo sin fútbol, fútbol
la vida no es la misma.
No es la misma sin fútbol, fútbol
la vida no es la misma,
sin fútbol.

"La vida no es la misma sin Fútbol", Jáuregui, Álbum: Fanáticos Club Band, 2007

 

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Publicado el 05/08/2015 en
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miércoles, 22 de julio de 2015

No cambiaría nada


No cambiaría nada


Esta semana cumplo veinte años compartiendo la vida con la dueña de mis quincenas (y de mi corazón). En todo este tiempo hemos acumulado una maravillosa colección de recuerdos que tienen como escenario nuestro San Luis Potosí, la cálida Celaya y el menos cálido Metepec (pero esto es solamente por el clima, no por su gente). Estas tres provincias de México han sido nuestro hogar y en ellas hemos crecido como personas, como pareja, como padres y como familia. En estos veinte años he reforzado mi convicción de que Dios existe y nos ama sin medida. A mí me ha dado tres evidencias contundentes e irrefutables. La primera es mi familia: me ha regalado lazos de sangre con gente buena, un poco dicharachera y pronta para la fiesta, pero buena al fin; además de otros lazos con familia elegida por el corazón, también gente buena, desordenada y estruendosa, pero buena también. La segunda evidencia es las personas con las que me ha rodeado: compañeros de escuela, colegas de trabajo, vecinos, padres de familia de compañeros de mis hijos y un largo etcétera. No concibo cómo es que tantas personas valiosas hayan sido puestas en mi camino siempre y en todo lugar, y más aún, que muchas de ellas me hayan honrado con su amistad. Esto está más allá de la suerte y de las coincidencias: es una mano divina. Espero corresponderles como se merecen. La tercera evidencia, y la más importante por el festejo de esta semana, es ella, mi compañera de vida y madre de mis hijos. No cabe duda: o hice algo muy bueno en una vida anterior o algo muy bueno tengo que hacer en esta para saldar la cuenta con el Creador. No hay más. Vamos por los siguientes veinte, y de ahí hasta que Él diga. Salud.

 

De verso en verso y Nota Musical: No cambiaría nada
 

Hoy les comparto unos versos que ya no son míos, son de ella; y que luego se hicieron canción, que ya tampoco es mía, porque también se la regalé. Esta canción no la van a encontrar en ningún lado porque no ha sido grabada todavía. Pero si nos encontramos y nos saludamos (del verbo ¡Salud!), igual y la cantamos.

 

Si yo pudiera regresar el tiempo
volvería a besarte en aquel momento,
tomaría tu mano otra vez inquieto,
tal como aquel día, todo fue perfecto.

Si yo pudiera regresar el tiempo
te diría en silencio cuanto es que te quiero,
igual que aquel día que elegimos juntos
sellar nuestras vidas con un sí y un beso.

Si yo pudiera regresar el tiempo
no movería ninguno de nuestros momentos,
si bien es que ha habido valles y desiertos
a ellos debemos que fuimos creciendo.

Y es que si hoy estamos en este momento
es que en el camino fuimos aprendiendo.
No cambiaría nada a este viaje intenso
pues yendo contigo, me siento completo.
 

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Publicado el 22/07/2015 en
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miércoles, 8 de julio de 2015

Huevos con Jamón


Huevos con jamón

 
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana escuché la analogía de los huevos con jamón y el trabajo en equipo. Es una buena historia siempre que se quiere reflexionar sobre el compromiso, seguimiento, participación y tantas otras buenas costumbres y deseos del trabajo en equipo. ¿No la han escuchado? ¿En serio? No se preocupen. Es muy breve y muy sencilla, yo se las platico: Resulta que esta analogía se utiliza para explicar la diferencia entre participación y compromiso, ya que cuando preparas unos huevos con jamón la gallina participa, pero el cerdo se compromete. Simple, ¿no? Se explica por sí sola. Y ya en el contexto de un trabajo en equipo, pues se pide a los participantes que se comprometan con el proceso y con el resultado y no sean solamente gallinas que se limiten a echarle h…ganas.

Si bien esa analogía es útil y puede motivar y generar una línea de pensamiento positivo, últimamente me gusta más la que habla de las tijeras, que es tan simple  que consta de una pregunta y una respuesta: ¿Cuál de las dos hojas de unas tijeras es la que corta el papel? Respuesta: Las dos. De hecho con una sola sería difícil cortar, o al menos cortar bien. Y entonces, la participación de la gallina y el compromiso del heroico puerco sacrificado en el logro de la tarea, quedan opacados por la corresponsabilidad de las tijeras, que requiere que todos los participantes cumplan en tres dimensiones y con la misma intensidad: participación, compromiso y responsabilidad.

Por favor, ahora que entendiste estas analogías, no vayas a andar en el trabajo, por la calle y mucho menos en la casa señalando personas: “Ese es un puerco hecho y derecho”, “Tu vecina de escritorio es una gallina culeca”, “Querida, tus tijeras están bien afiladas”, “Jefe: es usted un puerco ejemplar”, etc. Te pido que no hagas esto primero por tu seguridad personal, pero más importante porque todas estas reflexiones tienen sentido solamente cuando las hacemos sobre nosotros mismos y nuestro actuar en relación con los demás. Así es que, en un momento de silencio, pregúntate como eres como ciudadano, en tu trabajo, con tus amigos y con tu pareja: ¿gallina, puerco o tijera? Salud.

 

 

De verso en verso: Las tijeras

 

No voy sola.
No estás sola.
Si vamos,
vamos juntas.

Si estamos,
somos dos,
siempre siendo
unas…

 

La nota musical:

Y siguiendo la idea de las tijeras, además de sincronía y corresponsabilidad (hoy si desempolvé el diccionario), no se podría hacer un corte preciso a menos que ambas partes estén dispuestas a ceder un poco, a permitir que la otra hoja, aún siendo afilada, pase cerca, muy cerca de la otra y viceversa.

 

Déjame entrar en tu miedo
Déjame ser tu confianza
Déjame ser la balanza que equilibra tus angustias.
Déjame ser tu guarida frente al mar
Déjame ser la tristeza que se va
Déjame ser la alegría que ponga luz a tu vida.
Quisiera que te lleves de mi vida lo mejor
la brisa que te acaricia esa me la guardo yo.

"Déjame Estar", Diego Torres, Álbum: MTV Unplugged Diego Torres, 2004

 

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Publicado el 08/07/2015 en
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Proyecto de Investigación


El universo encierra cientos de misterios. Algunos seguramente nunca serán resueltos, y otros tomarán décadas de investigación para encontrar una respuesta o al menos una pista de su solución. Con tantas cosas por saber, aprender y descubrir me gustaría que algún investigador hiciera un espacio en su apretada agenda para tratar temas del diario, preocupaciones del ciudadano de a pie. A mi me parecen importantes, espero que a ti también.

El primer tema de investigación consiste en lo siguiente: cuando voy a algún supermercado o centro comercial me pregunto por qué a los comerciantes les encanta utilizar el "ya merito" para fijar sus precios: ¿Por qué venden algo en $99 y no en $100? ¿Qué ganan marcando algo en $999.90? ¿Por qué no de una vez cobrar $1,000? ¿Cual es el objetivo? Mi limitado sentido común (muuuuy limitado según mi compañera de vida) me dice que tener precios cerrados ($10, $50, etc.) tiene beneficios: se simplifican las transacciones, la logística para tener "cambio" o "vuelto" es más simple, puedes llevar fácilmente la cuenta mental de tus compras, etc. Es más, se gasta menos tinta en escribir unos y ceros que nueves. Entonces, ¿por qué lo hacen? (Música de fondo misteriosa y profunda, tipo Jaime Maussan cuando afirma que ya mero vienen, que ya mero llegan, que ya están aquí).

El segundo tema que propongo tiene que ver con los procesos mentales femeninos. Estoy convencido que hay una barrera mental para la comprensión del sistema monetario en la mente de las mujeres. Un par de ejemplos: desde que estaba en primaria entendí perfectamente el concepto de "redondear", al igual que todos los niños que han circulado por el Sistema Educativo Mexicano. Es de todos sabido si tienes 6.5 o más en el examen “sube" a 7. Por el contrario, 6.4 y menor "baja" a 6. Obviamente una décima podía representar la gran diferencia el día que llevabas la boleta a la casa, y por eso la perseguías a como diera lugar. Es un sistema simple, sencillo y práctico: 8.7 “sube” a 9, 8.3 “baja” a 8 y así sucesivamente. Lo curioso es que este método no logra fijarse en la corteza cerebral femenina. De pronto ven unos zapatos que cuestan $1,499 y te dicen “están a muy buen precio, cuestan como $1,400” ¡Zas! ¿Se fijan? Es curiosísimo. Otro ejemplo es cuándo te dicen: “¿Me prestas dinero?” Y resulta que “prestar” para ti implica que va a regresar, pero aparentemente esa palabra significa “donar” para las mujeres, especialmente si pertenece a tu familia. Rarísimo el caso. (Otra vez fondo musical).

Espero que algún día alguna dependencia de investigación nos brinde luz ante estos temas tan escabrosos. Salud.


La nota musical:

Una canción compuesta con un propósito pedagógico, precisamente para explicar el tema del redondeo. El autor no supo ni cómo ni a que hora tan noble fin se desvió para terminar siendo una canción sin sentido, de alto contenido bailable y que se te queda pegada por horas y horas aunque la trates de olvidar.

 
Yo tengo una bolita que me sube y me baja
¡ay! que me sube y me baja
Yo tengo una bolita que me sube y me baja
¡ay! que me sube y me baja
Sube, sube, sube que sube ¡Ay, ay, ay!
Sube la bolita y sube la bolita ¡Ay, ay, ay!
Me sube, me sube, me sube y me sube ¡Ay, ay, ay!
Sube la bolita y sube la bolita. 

"Banana", Garibaldi, Álbum: Que te la pongo, 1990


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Publicado el 18/06/2015 en
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jueves, 18 de junio de 2015

Hoy tengo que decirte papá

 
Soy papá de tres hijos, y lo he sido por casi 20 años, edad que está por cumplir mi princesa musical. Los "bronto-hermanos" tienen 15 y 9 respectivamente. Amparándome en estas credenciales, puedo presumir que tengo un poquito de experiencia en esto de la paternidad. Conste que nunca dije que sea un buen padre... Solo dije que tenía experiencia. Estoy seguro que he tenido aciertos y errores, pero ya serán mis retoños los responsables de evaluarme después.
Hay tres ideas que el camino me ha enseñado en estas dos décadas de paternidad. No pretendo que sean máximas, principios o reglas: considéralos simplemente consejos de amigos entre copas, es decir, sinceros, directos y gratuitos.
Primero: Nuestros hijos están en préstamo. Como tú y como yo un día decidimos hacer nuestra vida fuera de la casa paterna, así lo harán ellos eventualmente. Y entonces, si Dios así lo quiere, estaremos otra vez solos los dos, mamá y papá. Desde hoy asegúrate que la pareja exista siempre en independencia de los hijos. No hay que sentirnos culpables de darnos tiempo para vivir nuestra relación. Al contrario: así les damos ejemplo de cómo construir sus relaciones.
Segundo: El tiempo de calidad como sustitución de la cantidad es una falacia. Nada sustituye tu presencia. Con nada puedes reponer los días que no acuestas a tus hijos o que no cenas con ellos. Mide con sabiduría lo que dejas y lo que ganas: no siempre vale la pena. En serio: Yo lo aprendí de la manera difícil. Si solo me vas a creer una cosa, que sea esta.
Tercero: Nuestros hijos son seres humanos. Por tanto, pueden equivocarse, y como tú y como yo, tomarán sus propias decisiones. No eres responsable de construirles la vida, sino de brindarles todas las herramientas para decidir adecuadamente. Al final, lo importante es que sean felices, en la manera en que ellos lo decidan.
Papá: soy feliz. Mis hermanos también. Descansa en paz. Salud.
PD. Una última nota para los que están a punto de ser papás. De todos los consejos que me dieron antes de ser papá, solo uno fue realmente útil y aquí te lo comparto: Duerme TODO lo que puedas, después nunca vuelve a ser lo mismo. Ni siquiera veinte años después.

De verso en verso:
Te miro corriendo libre
como cuando aprendías a andar.
Como entonces hoy me aterra
que te puedas tropezar.
Al caerte siendo niño
buscabas volver a mí,
anidado entre mis brazos
tú volvías a ser feliz.
Si hoy día tu te tropiezas
aquí sigo para ti:
igual abriré mis brazos
para que vengas a mí.

La nota musical:
Una canción compuesta y cantada desde el corazón de un padre. Si eres papá o mamá de una señorita, te recomiendo que la escuches.
Entre gimnasia y la tarea,
van creciendo muy de prisa.
Ay, ay, ay, las quisiera detener.
Pero un día se irán de casa
y en sus cosas llevarán un pedazo de mi vida
que jamás regresara,
mientras tanto quiero darles tantas cosas,
quiero darles tanto amor, tanta atención,
y enseñarles cada día su importancia y su valor,
quiero cuidarles el corazón.
 "Mágicas Princesas", Jesús Adrián Romero, Álbum: Ayer te vi... fue más claro que la luna, 2007

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Publicado el 18/06/2015 en
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viernes, 10 de abril de 2015

Sala de Espera

En los últimos meses tuve la oportunidad de conocer la sala de espera de tres consultorios de médicos particulares distintos. ¡Tranquilos! Hierba mala nunca muere: No se preocupen, no hay nada grave. En todos los casos han sido temas de seguimiento para mi familia o un servidor. Sin embargo, hay una coincidencia increíble en estas tres ocasiones: el tiempo de espera fue al menos una hora. Y digo increíble porque es un servicio caro si consideramos el costo por hora de servicio, y no es como que el galeno se vaya a ofrecer a darme un descuento por su impuntualidad, ¿o sí?

Ya sé que algunos de ustedes están pensando: “el doctor venía retrasado por alguna operación que se complicó”, o “seguramente tuvo que atender una emergencia”, o cualquier otro buen motivo de alto valor humano, médico y altruista. Pues resulta que en estos tres casos no fue así. En uno de ellos estábamos varios pacientes en línea (en cola pues, para que me entiendan), dos antes de mí, mientras el doctor consultaba alegremente y la recepcionista navegaba en You Tube. Otros pacientes fueron llegando puntuales a su cita, mismos que se quedaron sentaditos viéndome con cara de envidia cuando por fin me tocó pasar, sin saber que ya me había recetado completita la revista del corazón de Julio de 2014, incluida la publicidad. ¿Sabías que esas revistas se pueden leer en una hora o menos? En fin. En otro caso, el doctor venía de su casa. Lo supe porque, además de que yo tenía la primera cita y el caballero venía oliendo todavía a recién bañado con Zest, tuvo a bien hablarle a su esposa durante mi consulta para preguntarle si había dejado cierto instrumental al salir. La tercera (doctora), por la naturaleza de su especialidad, tiene la “habilidad” de atender varios pacientes simultáneamente. Y lo digo así, porque cuando por fin le toca a uno pasar andas de un lado a otro lentamente como miembro de cofradía en la Procesión del Silencio: Entras a un consultorio y una asistente te toma tus datos, de ahí vas a una sala y una enfermera te prepara, entonces te obsequian sin cargo adicional (sería el colmo) unos minutos eternos para reflexionar, mismos que son interrumpidos cuando llega la doctora y te revisa mientras cuenta un chistorete (que para ese momento, cuando tu mañana ya se fue por la borda, te sabe a limón agrio en michelada), sale la doctora, más minutos de autocontemplación, regresa la enfermera a cerrar el procedimiento, regresas al consultorio, tercera ronda de minutos de meditación personal, llega la doctora a dar su veredicto (perdón, su diagnóstico), escribe la receta, y cierras triunfalmente en la recepción con una chica sonriente que te cobra como si hubieras roto algún instrumental o equipo de alta tecnología.

Y como soy un hombre curioso, después de estas experiencias, me pregunto: ¿Será que el doctor sabe lo que sucede afuera de su consultorio? Puede ser que no se dé cuenta, y que su asistente o recepcionista sea la presunta culpable. ¿No podría ella hacer una llamada de cortesía? Sencillita, sin complicaciones ni mayores explicaciones: “Señor, por causas de fuerza mayor las citas se han retrasado una hora. Agradecemos se presente a las tales horas para ser atendido como se merece” O bien, si no hubo manera de prevenirlo, que en cuanto llegues te avisen: “Señor, el doctor está con retraso de una hora. Lamentamos mucho el inconveniente” ¡Caramba! Gracias. Ya decidiré yo si mientras tanto voy a cargar gasolina, me ocupo de hacer algún encargo, aprovecho para ir al cajero o cualquier otro pendiente que tenga en mi día. Ganamos todos: yo aprovecho mi tiempo, el doctor queda como un caballero y la recepcionista desquita su sueldo en lugar de estar jugando solitario en la PC. Por otro lado, sabemos que la espera en los saturadísimos institutos de Salud Pública es de 3 horas en el mejor de los casos, y no faltará doctor que lea esto y piense “Si no está de acuerdo, váyase al seguro”. Buen argumento, siempre y cuando su consulta fuera gratis, para comparar peras con peras. ¿Será acaso que hay pacientes impuntuales? Eso es una verdad a gritos, sin pensarlo. Pero, ¿por qué tenemos que pagar justos por pecadores? ¿Por qué no recorren la cita del impuntual y dan prioridad a los que llegamos en tiempo? Hasta en la peluquería (ahora estética) lo hacen. He tenido mejor experiencia ahí con el control de citas y la puntualidad que con estos últimos tres consultorios médicos.

Tengo amigos médicos. Todos ellos son ejemplo de civismo, que según la RAE (www.rae.es) se define como: “Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.” Tal vez fue sólo mala suerte que los últimos tres que me tocaron reprobaron esta materia en secundaria. Salud.

PD. Si ven un cartel en alguna clínica prohibiéndome el acceso, ya saben por qué. Jejejeje.


De verso en verso

Sala de Espera (con final en tono de ironía)

He perdido ya una hora
y no por cambio de horario,
sino por hacer espera
en silencio y bien sentado.

A mi alrededor descubro
algunos otros incautos
que perdieron sus minutos
y se encuentran resignados.

Ya cuando llega mi turno
me levanto entusiasmado:
Seguro habrá una disculpa
por el retraso causado…

 
La nota musical

Mientras uno está en la sala de espera, muchas cosas pasan por la cabeza. Inclusive vienen a la mente melodías que pensabas olvidadas, de esas con poco contenido y asesinas de neuronas. El problema es que son tan pegajosas  que luego las traes tarareando sin querer por todos lados y uno no sabe como quitárselas de encima. Haz de cuenta:

Doctor psiquiatra: ya no me diga tonterías,
Doctor psiquiatra: quiero vivir mi propia vida,
Doctor psiquiatra: yo no le pagaré la cuenta,
Doctor psiquiatra: ya no me mi, ya no me mi,
ya no mire más las piernas.
No, no, no, no, no, no, no, no estoy loca.

“Doctor Psiquiatra”, Gloria Trevi, Álbum: ¿Qué hago aquí?, 1989

 

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